Formación para empresas·1 de octubre de 2026·7 min de lectura

Hoja de evaluación del trabajo de un agente de IA: cinco criterios

Lista de comprobación semanal para valorar lo que entrega un agente de IA: exactitud, completitud, tono, límites y tiempo de revisión que exige a tu equipo.

Un agente de IA que lleva un mes trabajando en tu empresa deja un rastro enorme de entregas: borradores, resúmenes, clasificaciones, respuestas preparadas. Casi nadie las mira con método. Se revisa lo que llama la atención, se corrige lo urgente y se tiene una sensación general, «parece que va bien» o «últimamente falla más», que no sirve para decidir nada.

Esta hoja sustituye la sensación por cinco preguntas que se contestan en diez minutos a la semana. No necesitas ser técnico: necesitas coger una muestra de entregas, mirarlas con los mismos criterios cada vez y apuntar lo que ves. Al cabo de unas semanas tendrás algo más valioso que una opinión: una tendencia.

Cómo usar esta hoja

Antes de empezar, fija tres reglas de uso para que la evaluación sea comparable de una semana a otra.

  • Misma muestra cada semana. Por ejemplo, diez entregas elegidas al azar y todas las que hayan tocado dinero, clientes o datos personales.
  • Siempre la misma persona (o dos). Si cambia quien evalúa, cambian los criterios sin que nadie se dé cuenta.
  • Siempre el mismo día. Mejor una cita fija en el calendario que una revisión «cuando haya un rato».

Cada criterio se puntúa con una nota sencilla: 1 (hay que intervenir), 2 (aceptable con ajustes) o 3 (bien). Lo importante no es la nota exacta sino que se anote el motivo.

1. Exactitud: ¿lo que dice es verdad?

Es el criterio que más cuesta ver, porque un error bien redactado parece un acierto. Comprueba contra la fuente, no contra tu intuición.

  • Las cifras, fechas, nombres e importes coinciden con el documento o sistema de origen.
  • Cuando cita un documento, ese documento existe y dice lo que el agente afirma.
  • No ha rellenado un hueco con un dato inventado («parece razonable, pero no está en ninguna parte»).
  • Cuando no tenía información, lo ha dicho en lugar de suponer.
  • Las cuentas sencillas (sumas, totales, unidades) están bien hechas.

Señal de alarma: un error de exactitud en algo que toca dinero, un cliente o un dato personal pasa directamente a «hay que intervenir», aunque el resto vaya perfecto.

2. Completitud: ¿falta algo importante?

Una entrega puede ser exacta y aun así inútil porque se ha dejado cosas fuera. Es un fallo silencioso: nadie lo ve si no sabe qué debería haber.

  • Recoge todos los puntos que se pidieron, no solo los primeros.
  • Menciona las excepciones y condiciones relevantes, no solo la versión general.
  • Si había varios documentos o archivos, ha usado todos y no solo el primero que encontró.
  • Deja claro lo que queda pendiente o lo que no ha podido comprobar.
  • Incluye los datos de contacto, fechas límite o referencias necesarios para actuar.

Truco: antes de abrir la entrega, escribe en una nota qué esperabas encontrar. Después compara. Es la forma más fiable de detectar lo que falta.

3. Tono: ¿suena a tu empresa?

El tono importa sobre todo cuando lo que sale llega a un cliente, un proveedor o un compañero. Un texto correcto pero frío o excesivamente solemne resta confianza.

  • El registro es el adecuado para quien lo va a leer (cercano con un cliente habitual, formal con un organismo).
  • Las frases son llanas y sin jerga innecesaria.
  • No promete nada que la empresa no pueda cumplir («sin problema», «seguro que sí»).
  • No resulta empalagoso, ni excesivamente servil, ni demasiado seco.
  • Es coherente con cómo escribe el equipo, de modo que el cliente no note cambios bruscos.

Si el tono falla a menudo, casi siempre se arregla dando al agente dos o tres ejemplos de textos tuyos que te gusten y una lista de expresiones que no quieres usar.

4. Cumplimiento de límites: ¿ha hecho solo lo que debía?

Este es el criterio de seguridad. Mide si el agente respeta lo que dice su ficha de puesto, y por eso no admite medias tintas.

  • No ha hecho nada que estuviera fuera de su alcance (dar un precio cerrado, prometer una fecha, responder a una queja).
  • Ha parado y consultado en los casos en que debía hacerlo.
  • No ha usado información a la que no debía acceder ni la ha incluido en una respuesta.
  • No ha enviado nada directamente cuando el flujo exigía un borrador pendiente de revisión.
  • No ha compartido datos de clientes o proveedores con quien no correspondía.

Regla: una sola vez que se salte un límite importante basta para volver a revisar todas las entregas y reforzar la ficha del puesto. No es cuestión de nota media: es cuestión de límites.

5. Tiempo de revisión: ¿cuánto esfuerzo exige a la persona?

Un agente que entrega mucho pero exige una hora de repaso por cada entrega no ahorra nada: solo ha cambiado el tipo de trabajo. Este criterio mide el coste oculto.

  • Se anota cuánto tarda una persona en revisar y dejar listas las entregas de la muestra.
  • Ese tiempo se compara con lo que costaría hacer la tarea a mano, sin dar por hecho que una opción es mejor.
  • La revisión se vuelve más corta con las semanas, o al menos no crece.
  • Los errores que se corrigen cada semana son distintos de los de la semana anterior; si se repiten, la instrucción no está bien aprendida.
  • La persona que revisa sigue entendiendo lo que revisa y no se limita a dar el visto bueno por cansancio.

Ojo: el tiempo de revisión es el criterio que más tienta a engañarse. Si lo apuntas mal, la hoja entera pierde valor.

Cómo leer los resultados

Rellena una fila por semana. Puedes hacerlo en una hoja de cálculo de cinco columnas.

Semana Exactitud Completitud Tono Límites Revisión Motivo principal de la nota más baja
1
2

Con unas semanas de datos, las decisiones salen casi solas:

  • Notas estables o al alza, límites respetados: puedes pasar de revisar todo a revisar una muestra, o plantearte darle más funciones.
  • Una nota baja repetida en un solo criterio: ajusta la ficha del puesto o los ejemplos que le das, y vuelve a medir.
  • Fallos de exactitud o de límites en temas delicados: pausa, revisa los accesos y vuelve a una revisión completa.
  • Tiempo de revisión que no baja: replantea si esa tarea es la adecuada para el agente.

Si estás empezando, la guía de incorporar un agente a la plantilla: el onboarding paso a paso explica cómo montar el periodo de prueba antes de empezar a puntuar. Y para comparar su trabajo con el de una persona en paralelo, mira agente y persona en paralelo: compara antes de soltarlo.

Una última advertencia: esta hoja evalúa el trabajo del agente, no el de las personas que lo usan. Cualquier valoración sobre personas del equipo debe hacerla quien corresponda, con otros criterios y con la conversación que merecen.

Conclusión

Evaluar a un agente de IA no exige herramientas complejas, sino constancia: cinco criterios, una muestra fija, una persona que revisa y una nota con motivo cada semana. Con ese hábito pasas de «parece que va bien» a decisiones fundadas sobre ampliar, ajustar o parar.

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