Alguien levanta la mano y dice que ya usa la IA con su grupo y que le va muy bien. Otra persona contesta que habría que prohibirla en el centro. En diez minutos el claustro ya no habla de vuestro colegio, sino de estar a favor o en contra, y cada intervención refuerza la trinchera de enfrente. Es la forma más habitual de que la primera conversación sobre IA salga mal.
La primera sesión marca el tono de todo lo que venga después. No hace falta que termine con un "sí" o un "no" a la IA. Basta con que el profesorado salga con un lenguaje común, unas dudas ordenadas y un puñado de acuerdos mínimos que todos puedan sostener. Esta guía propone cómo prepararla, cómo estructurarla y cómo tratar las posturas enfrentadas sin que nadie se sienta juzgado.
Antes de la sesión: tres tareas de preparación
Un buen claustro se decide en parte la semana anterior.
- Una encuesta anónima de cuatro preguntas. ¿La has usado en tu trabajo? ¿Para qué? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te gustaría que resolviera? Que sea anónima importa: las personas más reticentes suelen callar en público, y las más entusiastas, a veces, se cohíben. La encuesta pregunta por el trabajo del profesorado, nunca por datos de alumnos.
- Una lectura común y muy breve. Una página como máximo, con lo esencial: qué entendemos por IA en el aula y qué usos se están dando en los centros. Cuanto más corta, más gente la lee.
- Una consulta al delegado de protección de datos del centro. Pídele dos o tres líneas claras sobre qué datos del alumnado no deben introducirse en una herramienta de IA y qué requisitos hay que cumplir antes de usar una. Si no se resuelve esto antes, saldrá en medio del debate y lo envenenará.
Reparte también los papeles: alguien que modere (no tiene por qué ser quien dirige el centro), alguien que tome nota y alguien que cuide el reloj. Si el director modera y además opina, el resto tiende a callarse.
La estructura: noventa minutos en cinco bloques
| Minutos | Bloque | Qué se hace |
|---|---|---|
| 0-10 | Encuadre | Se explica el objetivo (lenguaje común y acuerdos mínimos, no ganar una votación) y las reglas de conversación. |
| 10-25 | Qué ya está pasando | Se presentan los resultados anónimos de la encuesta y se dibuja un mapa de usos reales: del profesorado, del alumnado y de las familias. |
| 25-50 | Tres escenas | En grupos pequeños y mezclados, cada grupo discute un caso concreto. |
| 50-75 | Preguntas que ordenan | Cada grupo responde a las preguntas de la sección siguiente y se ponen en común. |
| 75-90 | Acuerdos y próximos pasos | Se redactan los acuerdos mínimos y se fija cuándo se revisarán. |
Las tres escenas funcionan mejor cuando son cotidianas y no tienen una solución obvia. Por ejemplo: un alumno entrega un trabajo con ayuda de IA sin decirlo; una docente quiere usar la IA para preparar actividades de refuerzo; una familia pregunta por escrito cuál es la política del centro. Mezclar entusiastas y reticentes en cada grupo evita que cada bando se reafirme entre iguales.
Seis preguntas que ordenan la conversación
Cuando un debate se enreda, casi siempre es porque se mezclan cosas distintas. Estas preguntas separan los temas:
- ¿Qué problema concreto queremos resolver o evitar? No es lo mismo ahorrar tiempo en tareas de preparación, personalizar el refuerzo o impedir trampas en los trabajos. Cada uso pide una respuesta distinta.
- ¿Qué queremos que sepa hacer y entender un alumno de nuestra etapa? Esta pregunta recoge la convicción de fondo: el colegio existe para preparar al alumnado para el futuro, y la IA forma parte de ese futuro. Educar en ella no es una concesión a la moda, es parte del trabajo.
- ¿Qué no queremos que haga la IA en este centro? Aquí suelen coincidir hasta los más enfrentados. Por ejemplo, que decida una calificación, que evalúe a una persona o que sustituya la conversación con la familia.
- ¿Qué datos del alumnado no entran nunca en una herramienta? La respuesta debe salir del delegado de protección de datos. Los datos personales de menores no se introducen en herramientas sin base legal y sin el consentimiento que corresponda.
- ¿Cómo sabrá el alumnado qué está permitido en cada tarea? Si cada docente tiene reglas distintas y no las explica, el alumnado improvisa. Una señal sencilla por tarea (permitido, permitido con declaración, no permitido) reduce la confusión.
- ¿Cuándo y cómo revisamos lo acordado? Una política escrita en octubre y sin fecha de revisión queda desfasada en pocos meses.
Un truco de moderación: pide que cada persona responda primero por escrito, en una tarjeta, y solo después se comparta. Las respuestas escritas reducen el efecto de la voz más fuerte.
Cómo tratar a entusiastas, reticentes e indecisos
En un claustro suele haber tres grupos, y cada uno necesita algo distinto.
- Entusiastas. Su energía es valiosa, pero conviene encauzarla. Pídeles que cuenten un caso concreto con sus límites, no solo sus éxitos, y que ayuden a documentarlo. Recuérdales que lo que funciona con un grupo no tiene por qué decidirse para todo el centro.
- Reticentes. Sus objeciones suelen tener fundamento: privacidad, trampas, dependencia, desigualdad entre familias, carga de trabajo. Pregúntales qué tendría que ser cierto para que se sintieran cómodos con un uso limitado. Muchas veces acaban siendo quienes mejor cuidan la ética del proyecto.
- Indecisos. Es la mayoría silenciosa. La encuesta anónima y las rondas por escrito son la mejor forma de oírles.
También ayuda cuidar el lenguaje. Algunas frases abren la conversación y otras la cierran:
| Frases que polarizan | Frases que ordenan |
|---|---|
| "Quien no se suba a esto se queda atrás." | "¿Qué podríamos probar este trimestre con un grupo y qué miraríamos al final?" |
| "Esto es hacer trampas." | "¿En qué tareas nos importa que el trabajo sea completamente suyo y por qué?" |
| "Ya lo usan todos los alumnos." | "¿Qué sabemos de verdad de cómo lo usan en nuestra etapa?" |
Acuerdos mínimos con los que salir
Si el claustro termina con una lista corta y clara, ya ha cumplido. Aquí tienes una propuesta que puedes adaptar:
- Definimos entre todos qué entendemos por IA y qué usos distinguimos (preparar clase, apoyo al alumnado, evaluación, gestión).
- El uso con alumnado es siempre acompañado por el docente.
- Ninguna herramienta decide calificaciones ni evalúa a personas. Esa decisión es del docente.
- No se introducen datos personales del alumnado en ninguna herramienta sin base legal, sin el consentimiento que corresponda y sin el visto bueno del delegado de protección de datos.
- Cada tarea indica si se puede usar IA y cómo se declara.
- Se hace un piloto limitado, de un trimestre, con docentes voluntarios y con seguimiento.
- Se fija una fecha de revisión y se informa a las familias de lo acordado.
El Reglamento europeo de IA ya trata con especial cautela los sistemas que evalúan al alumnado, y cada administración educativa puede tener instrucciones propias. No las des por sabidas: consulta con tu administración educativa y con el delegado de protección de datos antes de cerrar una política.
Después de la sesión: las dos semanas siguientes
Lo que ocurra tras el claustro importa tanto como el claustro. Redacta un acta de una sola página con los acuerdos y las dudas pendientes, y envíala a todo el profesorado. Programa un primer taller práctico en el que se trabaje con casos reales, sin datos de alumnos. Y cuenta a las familias, con palabras sencillas, qué se ha acordado y qué no se hará.
Si necesitas profundizar en las cautelas con menores, puedes leer qué precauciones exige el uso de IA en centros educativos. Para ver cómo se aplica en la etapa de secundaria, tienes IA para institutos de educación secundaria. Y si el debate se atasca en el miedo al cambio, te servirá cómo evitar la resistencia al cambio al introducir IA.
Conclusión
El primer claustro sobre IA no tiene que zanjar si se usa o no. Tiene que ordenar la conversación: preparar con una encuesta anónima, separar los temas con preguntas claras, dar espacio a cada postura y salir con acuerdos mínimos, escritos y con fecha de revisión. La IA puede ayudar, pero las decisiones sobre el alumnado las toma siempre el profesorado.
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