El equipo directivo convoca un claustro con un punto en el orden del día: "Qué hacemos con la inteligencia artificial". Hay un momento de silencio. Alguien dice que ya la usa para preparar fichas. Otra persona confiesa que no la ha abierto nunca y que le da cierto reparo. Un tercero pregunta, con toda la razón, si esto no es una moda más que dejará más trabajo sin quitar nada. Es la escena de muchos centros este curso.
La tentación es empezar por lo que se ve: comprar una licencia, apuntar a un grupo de alumnos a un taller o redactar una prohibición. Casi siempre es el orden equivocado. Un centro sin experiencia previa necesita primero entenderse a sí mismo, después ponerse de acuerdo y solo al final llevar la IA al aula. Este artículo propone un orden de arranque realista, pensado para el profesorado y para el equipo directivo.
Mira primero dónde está tu claustro
No hace falta un estudio. Basta saber que en el claustro conviven posturas muy distintas, y que eso es normal. Según el INEE (Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes), en TALIS 2024 el 35 % de los docentes de secundaria en España y el 28 % de los de primaria declaran haber usado IA en su trabajo docente. Son datos autodeclarados de docentes españoles, no de tu centro. Lo que sugieren es que, en cualquier claustro, habrá quien ya la use, quien la haya probado una vez y quien no la haya tocado.
Un buen primer paso, barato y sin riesgo, es una consulta anónima y breve al profesorado, sin nombres: si la ha usado alguna vez, para qué, qué le preocupa y qué le gustaría aprender. Es una forma de saber desde dónde se parte, sin dejar en evidencia a nadie. Evita incluir datos personales del alumnado o de terceros en ese cuestionario.
Paso 1: sensibilizar con una conversación, no con una charla
La primera sesión no debería ser una conferencia sobre el futuro de la tecnología. Funciona mejor una conversación de una hora, con tres ideas claras:
- Qué es y qué no es. Un programa que genera texto, imágenes o resúmenes a partir de lo que se le pide. Responde con aplomo incluso cuando se equivoca y no entiende lo que dice como lo entiende una persona.
- Una demostración en directo con contenido neutro. Por ejemplo, pedirle que proponga una actividad para un tema del temario y analizar entre todos qué tiene de bueno y qué hay que corregir. Sin datos de alumnos ni de familias.
- Un espacio para las dudas. Miedo a ser sustituidos, a que el alumnado copie, a no estar a la altura. Escuchar sin zanjar. Esas inquietudes son legítimas y sirven de guía para el resto del plan.
El objetivo de esta fase es que nadie salga sintiendo que se le exige algo. Se trata de que todos hablen el mismo idioma.
Paso 2: acordar criterios antes de usar nada
Aquí está la diferencia entre un arranque ordenado y uno que acaba en conflicto. Antes de que cada docente haga lo que le parezca, el centro debería tener unas pocas reglas escritas en una página:
- No se introducen datos personales del alumnado ni de las familias en herramientas de IA, salvo que exista una base legal, un acuerdo con el proveedor y las autorizaciones que correspondan. Esto incluye nombres, notas, informes, fotografías o cualquier dato que identifique a un menor.
- El uso con alumnado es siempre acompañado por el docente, y adaptado a la edad.
- Se explica cuándo se puede usar y cuándo no en cada tarea, y cómo debe declararse. La nueva versión de la guía del INTEF sobre el uso de la IA en el ámbito educativo, publicada el 8 de septiembre de 2026, se organiza en tres perfiles (alumnado, profesorado y centro educativo) e incluye un modelo de declaración de uso de IA que puede servir de punto de partida.
- Las decisiones sobre evaluación y calificación son del docente.
- Hay una persona de referencia a quien preguntar ante cualquier duda, y el delegado de protección de datos del centro está informado.
Para quien quiera contrastar sus criterios con una referencia europea, la Comisión Europea publicó en 2026 la versión actualizada de sus directrices sobre el uso ético de la IA y los datos en la enseñanza y el aprendizaje para educadores, que incorpora el Reglamento europeo de IA y el RGPD. Y si en el centro se plantea contratar una plataforma, conviene leer antes qué debe firmar un colegio en el contrato con el proveedor de IA. Las obligaciones concretas de tu centro, que pueden variar según su titularidad o su comunidad autónoma, las confirma tu asesoría o tu delegado de protección de datos.
Paso 3: probar tareas sencillas, sin datos del alumnado
Con las reglas claras, llega la hora de probar. El punto de partida más seguro es que el profesorado experimente con tareas propias, donde la herramienta no necesite saber nada de ningún alumno:
- Preparar el borrador de una actividad o de una secuencia para un tema.
- Pedir ejemplos de ejercicios de distintos niveles de dificultad.
- Adaptar un texto a varios niveles de lectura.
- Redactar una primera versión de una circular general, sin nombres ni datos.
- Generar preguntas para un debate o ideas para una salida.
Y una regla de oro: todo lo que salga se revisa. La IA puede inventarse datos, mezclar niveles o proponer algo poco adecuado para la edad. El docente decide qué se queda.
Un buen ejercicio de grupo consiste en pedir lo mismo a la herramienta con dos formulaciones distintas y comparar. Se aprende mucho viendo que la calidad de la respuesta depende de cómo se pide, y que siempre exige criterio.
Paso 4: compartir lo aprendido
El conocimiento se queda en las personas entusiastas si nadie lo comparte. Algunas fórmulas ligeras:
- Diez minutos al final de una reunión de ciclo o de departamento para mostrar un uso que ha funcionado y uno que no.
- Un documento compartido con ejemplos buenos, malos y los errores más llamativos de la herramienta.
- Una pareja de docentes, uno con experiencia y otro sin ella, que prueban juntos una tarea.
El Marco de Referencia de la Competencia Digital Docente (6 áreas y 23 competencias, aprobado en 2022) puede ayudar a situar cada necesidad de formación. Un matiz: no hemos comprobado qué contenidos de IA recoge ese marco, así que no le atribuimos competencias específicas sobre ella.
Paso 5: llevarlo al aula, con acompañamiento y por etapas
Solo cuando el profesorado se siente seguro tiene sentido plantearlo con el alumnado. Y aun así, con calma:
- Empieza con un grupo y un docente voluntario, no con todo el centro a la vez.
- Prioriza actividades de comprensión y crítica: comparar la respuesta de la herramienta con una fuente fiable, buscar el error, discutir si es justo o no usarla para cada tarea.
- Adapta a cada edad. En las etapas más tempranas, hablar de IA puede hacerse sin pantalla; lo planteamos en ¿tiene sentido hablar de IA con niños de 4 años?.
- Informa a las familias de qué se hace y con qué criterios, antes de empezar.
- Si una actividad exige que el alumnado use una herramienta con sus datos, confirma antes la base legal y el consentimiento con tu delegado de protección de datos.
Si necesitas un marco de ideas sobre por qué merece la pena este camino, lo desarrollamos en por qué un colegio debe educar en IA, más allá de la moda.
Paso 6: revisar cada trimestre
Un plan de IA no se cierra, se ajusta. Al final de cada trimestre, vale la pena una reunión corta con tres preguntas: qué ha funcionado, qué nos ha preocupado y qué criterio hay que cambiar. Las herramientas y las guías evolucionan deprisa, y el propio centro aprende con el uso.
Resumen del orden propuesto:
| Fase | Quién participa | Qué se obtiene |
|---|---|---|
| Diagnóstico | Equipo directivo y claustro | Saber desde dónde se parte |
| Sensibilización | Claustro | Lenguaje común y dudas expresadas |
| Criterios | Directiva, docentes y delegado de protección de datos | Una página de normas claras |
| Pruebas sencillas | Profesorado | Primeras experiencias sin datos del alumnado |
| Compartir | Ciclos y departamentos | Ejemplos reales y confianza |
| Aula | Docentes voluntarios | Uso acompañado y adaptado a la edad |
| Revisión | Todo el centro | Ajustes cada trimestre |
Errores frecuentes al empezar
- Comprar antes de acordar. Una licencia sin criterios deja al profesorado solo ante las dudas.
- Empezar por el alumnado. Si los docentes no han probado nada, no pueden acompañar.
- Imponer un día D para todos. Cada persona parte de un punto distinto.
- Dejar todo en manos de los entusiastas. Se agotan y el resto se queda al margen.
- Prohibir sin conversar. Una prohibición genérica no suprime el uso, solo lo esconde.
Fuentes
- Ministerio de Educación, FP y Deportes – INEE (2024): Resultados de TALIS 2024: informe español
- INTEF (2026): Nueva versión de la «Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo»
- Comisión Europea, Plataforma Europea de Educación Escolar (2026): Guidelines on the ethical use of AI and data in teaching and learning
- INTEF (2022): Competencia Digital Docente – Marco de Referencia de la Competencia Digital Docente (MRCDD)
Conclusión
Un claustro que nunca ha probado la IA no necesita correr: necesita un orden. Primero, entender dónde está cada uno; después, acordar criterios sobre privacidad, acompañamiento y evaluación; luego, probar tareas sencillas sin datos del alumnado; y solo entonces llevarlo al aula, por etapas y con el docente delante. Ese camino es más lento que comprar una herramienta, pero evita los conflictos y deja a todo el profesorado dentro del proyecto.
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