En la sala de profesores hay dos conversaciones. En una mesa, una docente enseña a un compañero cómo ha preparado unas fichas adaptadas en veinte minutos. En la de al lado, otro profesor comenta que él "de eso no quiere saber nada" y que ya ha visto trabajos de alumnos que no parecen suyos. Los dos tienen parte de razón, y el centro tiene que convivir con ambos.
La brecha en IA dentro del claustro es una realidad frecuente en los centros. No es un problema de actitud: es la consecuencia lógica de que la tecnología llegó rápido y la formación, no. La cuestión es cómo organizarse para que nadie se quede atrás ni frene al resto, sin convertir la formación en una obligación mal vista. Este análisis te propone una forma de hacerlo.
Lo que muestran los datos sobre el profesorado
Conviene partir de lo medido y no de la impresión de la sala de profesores. El estudio TALIS 2024 de la OCDE pregunta directamente a los docentes. Según el INEE (Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes), en la edición española declaran haber usado IA en su trabajo docente durante el último año el 35 % del profesorado de secundaria y el 28 % del de primaria. Es decir, ni la mayoría ni una minoría anecdótica: hay una parte del claustro que ya la usa y otra, más numerosa, que no.
Sobre quienes no han empezado, la OCDE (TALIS 2024) recoge que, de media en la OCDE, tres de cada cuatro docentes de primer ciclo de secundaria que no habían usado IA en la enseñanza en los doce meses previos declaran que les faltan conocimientos o habilidades para enseñar con ella. El freno que declaran es, muchas veces, la falta de conocimientos o habilidades.
Y sobre la oferta formativa, el mismo estudio señala que casi el 40 % de los docentes de los sistemas educativos de la OCDE participó en 2024 en formación sobre el uso de la IA para la enseñanza y el aprendizaje.
Tres precauciones al leerlo: son datos declarados por los propios docentes, el estudio define la IA de forma amplia y no distingue entre un uso ocasional y un uso a diario, y el dato de formación es la media de países muy distintos. No dicen cómo está tu claustro: sirven para recordar que tu situación es habitual.
Quién hay en un claustro: cuatro perfiles
Para organizar bien la formación, ayuda dejar de hablar de "los que saben" y "los que no". En la práctica suele haber cuatro perfiles, y cualquiera puede cambiar de uno a otro.
- Exploradores. Ya usan IA y han descubierto aplicaciones útiles. Quieren ir más lejos y a veces se impacientan con el ritmo del centro.
- Curiosos con dudas. Les interesa, han hecho alguna prueba suelta, pero no saben bien cómo encajarlo ni qué es aceptable.
- Escépticos con razones. Les preocupan el plagio, la privacidad o la pérdida de esfuerzo en el alumnado. Su cautela es útil: son quienes más cuidan el criterio.
- Sobrecargados. Querrían, pero no tienen tiempo ni cabeza para otra cosa. Su freno no es la actitud, es la agenda.
Si el centro trata a todos igual, aburre a los primeros y agobia a los últimos. Si piensa solo en los primeros, aleja a los demás.
Cómo agrupar la formación por niveles
La idea central es sencilla: no hay una formación única, hay tres capas.
Capa común, para todo el claustro. Es obligatoria en el sentido de que forma parte del trabajo del centro, y breve. Contenido mínimo: qué hace y qué no hace una herramienta de IA, en qué se equivoca, qué datos del alumnado no se introducen nunca en una herramienta sin base legal y consentimiento, y cuál es la política del centro. Que todos conozcan estas reglas protege a los alumnos, a los docentes y al propio centro, tengan o no interés en usar IA.
Capa práctica, por niveles y por voluntad. Aquí se agrupa según dónde esté cada uno:
- Primeros pasos: grupos pequeños que prueban una única tarea sencilla (por ejemplo, preparar un borrador de actividad para revisarlo) con acompañamiento.
- Aplicación en el aula: docentes que ya han probado y quieren diseñar actividades acompañadas con alumnado, con criterios claros de evaluación del proceso.
- Diseño avanzado: los exploradores trabajan en proyectos del centro (guías internas, banco de actividades, propuestas de política) y no solo "esperan" al resto.
Capa de apoyo entre iguales. Es la que más rinde y la que menos se organiza. Pasamos a ella.
El apoyo entre compañeros funciona si se diseña
Un docente aprende de otro con confianza y sin examen. Tres fórmulas que funcionan en centros de distinto tamaño:
- Parejas de práctica. Un explorador y un curioso se reúnen quince minutos a la semana para resolver una tarea real del segundo. El que enseña ordena lo que sabe; el que aprende pregunta sin vergüenza.
- Tutoría inversa dentro del claustro. Se rota la dirección: el docente con más experiencia en la materia ayuda a diseñar la actividad, y el que más usa IA ayuda a preparar el material. Nadie es solo maestro o solo alumno.
- Repositorio compartido de lo que funciona. Una carpeta con actividades probadas, con la etiqueta de qué se usó, qué salió bien y qué hubo que corregir. Incluye lo que salió mal: es lo más valioso.
Dos condiciones para que no se convierta en carga: que el tiempo se reconozca dentro del horario, y que la participación sea voluntaria en los niveles prácticos. Obligar a ser mentor a quien no quiere suele producir malas experiencias para los dos.
Cómo evitar frenar a nadie
El riesgo de un claustro a dos velocidades no es solo que alguien se quede atrás, sino que se creen dos bandos. Algunas medidas concretas:
- Que los exploradores no decidan por todos. Sus hallazgos son propuestas, no normas. El centro decide sus reglas de forma colegiada, con la dirección y con la persona que lleve la protección de datos.
- Que los escépticos formen parte del diseño. Invítales a revisar la política de uso y a detectar riesgos. Su cautela mejora el resultado.
- Que nadie tenga que fingir. Crea un espacio donde se pueda decir "no sé" y "no me convence" sin consecuencias.
- Que la IA no entre en la evaluación del profesorado. La formación debe ser una ayuda, no un examen. Medir cuántas veces usa cada docente una herramienta no dice nada sobre la calidad de su enseñanza.
- Que no se acelere por presión externa. Si el centro no tiene claras sus reglas de privacidad, esperar un trimestre es mejor que improvisar.
Una propuesta de calendario para un curso
Un esquema adaptable a cada centro:
- Septiembre-octubre: conversación en el claustro, mapa de perfiles (voluntario y anónimo) y capa común: reglas de uso y privacidad.
- Noviembre-diciembre: primeros pasos en grupos pequeños; parejas de práctica; los exploradores preparan material.
- Enero-marzo: actividades de aula acompañadas en una o dos materias por etapa, con revisión posterior en el claustro.
- Abril-junio: repositorio compartido, ajuste de la política y valoración con las familias.
En todas las fases, la decisión de calificar y de qué hacer con cada alumno corresponde al docente; la IA no evalúa al alumnado ni sustituye el criterio profesional. Para empezar a ver qué hay ya en el centro, usa este checklist de señales de que tu colegio ya educa en IA, y para entender por qué importa a medio plazo, lo que dicen los informes sobre la brecha de habilidades.
Fuentes
- INEE, Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes (2024): Resultados de TALIS 2024: informe español
- OCDE (2024): Results from TALIS 2024 (Volume I), cap. 1 «Teaching for today's world», Tabla 1.63
- OCDE (2024): Results from TALIS 2024 (Volume I), cap. 4 «Developing teacher expertise», Tabla 4.22
Conclusión
La brecha en IA dentro de un claustro no se cierra obligando, sino organizando: una capa común para que todos conozcan las reglas, grupos prácticos por niveles y un apoyo entre compañeros que respete los ritmos. Los exploradores aportan impulso, los escépticos aportan criterio y los sobrecargados necesitan sobre todo tiempo.
En MG Solutions damos masterclasses de IA a alumnos de ESO y Bachillerato: tres días en el colegio con herramientas para su día a día, para estudiar mejor y para usar la IA de forma responsable.
Aquí puedes ver nuestra formación en IA para colegios.
Si quieres ver cómo encajaría en tu caso, escríbenos y lo hablamos.