En PISA 2025, el 54 % del alumnado de 15 años de España declaró usar chatbots de IA para ayudarse a aprender al menos una vez por semana, frente al 46 % de media en la OCDE. El dato es autodeclarado y no dice cuánto ni para qué, pero basta para responder a una pregunta: la IA ya está en la vida escolar del alumnado, haya o no una norma en el colegio.
La pregunta incómoda es otra: ¿llega en las mismas condiciones a todos? Una cosa es tener acceso a una herramienta y otra tener un adulto que enseñe a comprobar lo que dice, tiempo para practicar o un dispositivo propio. Cuando esas condiciones varían de un hogar a otro, el colegio puede ser el único lugar donde se compense la diferencia, o el sitio donde se haga más visible.
Tres brechas distintas, no una
Hablar de «brecha digital» a secas esconde que hay varias diferencias, y cada una pide una respuesta distinta:
| Brecha | Cómo se nota | Qué puede hacer el centro |
|---|---|---|
| Acceso | Un único móvil compartido en casa, conexión limitada, herramientas distintas según lo que se pueda pagar | Hacer en el aula las actividades con IA y ofrecer dispositivos y espacios en el centro |
| Acompañamiento | Hay quien tiene un adulto que explica cómo comprobar una respuesta y quien no | Formar a las familias y dar al alumnado criterios para comprobar por sí mismo |
| Tiempo y apoyo | Familias con horarios largos, sin margen para acompañar tareas con IA | Que el trabajo con IA ocurra en horario escolar y con el docente presente |
Ninguna de las tres se arregla prohibiendo. Prohibir no iguala: las familias con recursos seguirán acompañando en casa, y las demás perderán la oportunidad de aprender con un adulto en el aula.
Qué dicen los datos, y qué no
Los datos disponibles apuntan en una dirección, con matices que conviene respetar:
- El acceso básico está muy extendido. Según el INE (2025), el 96,9 % de los menores de 10 a 15 años en España usaba ordenador, el 96,5 % navegaba por Internet y el 67,9 % usaba teléfono móvil. Son datos de uso de tecnología en general, no de IA.
- El uso de chatbots entre el alumnado ya es habitual. El 54 % de PISA 2025 que citábamos al abrir, frente a la media de la OCDE, que es del 46 %.
- Aprender a evaluar lo que genera la IA no llega a todos por igual. En PISA 2025, de media en la OCDE, alrededor de seis de cada diez estudiantes de 15 años dicen que en sus clases se les encargó evaluar la calidad de la información generada por IA. El alumnado socioeconómicamente desfavorecido tiene menos probabilidad de declararlo, y el propio informe advierte de una posible nueva brecha socioeconómica.
Lo que estos datos no dicen es igual de importante:
- No miden quién acompaña al alumnado en casa ni con qué calidad. Que casi todos los menores usen ordenador no significa que todos reciban orientación.
- Los de PISA son autodeclarados: reflejan lo que el alumnado dice que hace o que le encargaron, no lo que ocurre en el aula.
- No demuestran que usar chatbots mejore las notas, ni que las empeore. En el mismo informe de PISA, quienes no usan chatbots para tareas escolares concretas puntúan de media más en ciencias en la OCDE, así que sería un error afirmar que más IA significa mejor rendimiento.
El mensaje cuidadoso es este: hay indicios de que las oportunidades de aprender a usar y evaluar la IA no se reparten por igual, y es un buen motivo para actuar sin esperar a tener más certezas.
Cómo podría ampliarse la desigualdad si el centro no actúa
Lo que sigue son mecanismos razonables, no resultados medidos. Sirven como lista de cosas que vigilar:
- Deberes que suponen IA en casa. Si una tarea se resuelve mejor con IA y se hace en casa, gana quien tiene dispositivo, conexión y ayuda.
- Quien tiene acompañamiento aprende a comprobar; quien no, copia o evita. La diferencia no está en el uso, sino en la calidad del uso.
- Reglas distintas en cada hogar. Algunas familias lo prohíben y otras lo fomentan, y el alumnado llega al colegio con experiencias muy distintas.
- Aula que presupone lo que no todos saben. Cuando se da por hecho que todo el mundo ha probado estas herramientas, quien no lo ha hecho se queda callado.
Un análisis más amplio de la desigualdad digital en el entorno escolar lo tienes en brecha digital y brecha de IA: el colegio como espacio de igualdad.
Medidas del centro para que nadie quede fuera
- Pasar el trabajo con IA al aula. Que las actividades que usan IA se hagan en clase, con el docente presente y con los mismos recursos para todos. Así se evita que el resultado dependa de lo que cada familia pueda ofrecer.
- No exigir IA ni conexión en las tareas para casa. Cualquier objetivo de aprendizaje debe poder alcanzarse sin ella.
- Ofrecer apoyo material. Dispositivos en préstamo, una sala abierta con un adulto presente en algún tramo del día, o acceso en la biblioteca del centro.
- Formar a las familias, en formato accesible. Sesiones cortas, en más de un horario, con materiales escritos claros y en los idiomas que se hablan en el centro, sin jerga. Con tres mensajes: qué es, qué riesgos tiene y cómo hablar de ello en casa. Tienes una guía de organización en escuela de familias sobre IA: cómo organizarla paso a paso y un material de apoyo en hablar de IA con los hijos en casa: guía breve para familias.
- Enseñar a todo el alumnado a evaluar lo que genera la IA. No solo a quien lo ha practicado en casa. Es la competencia que más se beneficia del trabajo en el aula.
- Mantener un mensaje común. La misma norma para todo el alumnado, explicada con claridad, y respuestas preparadas para las dudas más habituales, que recoge las dudas más habituales de las familias sobre la IA en clase.
- Fijarse en quién se queda fuera. Los tutores pueden detectar, sin registrar datos sensibles, qué alumnos no participan en las actividades con IA o se muestran inseguros. Y se puede preguntar a las familias, de forma voluntaria y anónima, qué necesitan.
Un recordatorio de privacidad: no recojas datos personales de menores en herramientas sin base legal y sin consentimiento, y consulta cualquier duda con el delegado de protección de datos del centro. Para las encuestas a familias, lo más prudente es que sean anónimas y no pidan más información de la necesaria.
Cómo saber si las medidas funcionan
No hace falta una gran evaluación. Algunas señales sencillas:
- Si las familias que no solían participar acuden a las sesiones o preguntan por la herramienta.
- Si el alumnado, en clase, es capaz de explicar cómo comprobó una respuesta generada por IA, y no solo de enseñar el resultado.
- Si disminuyen las situaciones en que alguien dice que no ha podido hacer una tarea por falta de medios.
- Si los tutores perciben menos diferencias entre quienes han practicado en casa y quienes no.
Son observaciones cualitativas del equipo docente. Sirven para ajustar el siguiente trimestre, no para prometer resultados. Para entender el marco de decisiones del centro, puedes ver qué recomienda la UNESCO sobre la IA generativa en la escuela.
Fuentes
- OCDE – PISA 2025 (2025): PISA 2025 Results (Volume I) – Country Notes: Spain (traducción al español del INEE)
- OCDE – PISA 2025 (2025): PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students
- INE (2025): Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares. Año 2025
Conclusión
La IA no crea por sí sola una brecha entre familias, pero puede ensancharla si lo que se aprende y se practica depende de lo que cada hogar pueda ofrecer. El colegio tiene la oportunidad de igualar: trabajar con IA en el aula, formar a las familias, ofrecer apoyo material y observar a quién le cuesta más. No hace falta hacer mucho, sino hacerlo pensando en quien tiene menos.
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