Durante décadas, una de las funciones silenciosas del colegio ha sido igualar: el niño que no tenía enciclopedia en casa la encontraba en la biblioteca, y la que no tenía ordenador aprendía a usarlo en el aula. Con la inteligencia artificial esa promesa vuelve a estar en juego. Si lo que cada alumno aprende sobre IA depende de lo que haya en su casa, de la herramienta que pague su familia o de lo que sepa el adulto que le acompaña, una diferencia que hoy parece pequeña puede crecer con los años.
El principio de los colegios es preparar al alumnado para el futuro, y la IA forma parte de ese futuro, así que hay que educarles en ello, a todos. Este análisis explica qué dicen los datos, de dónde puede venir una nueva brecha, qué límites tiene el argumento y qué puede hacer un centro, con uso acompañado por el docente y sin depender de lo que haya en casa.
Qué dicen los datos
El uso medio ya es muy alto. Según el INE (2025), el 96,9 % de los menores de 10 a 15 años en España usaba ordenador y el 96,5 % navegaba por Internet. Con esos números, hablar solo de acceso se queda corto: la diferencia puede estar más en cómo se usa la tecnología y en quién acompaña ese uso.
La IA ya se enseña de forma desigual. Según PISA 2025 (OCDE), de media en la OCDE alrededor de seis de cada diez estudiantes de 15 años dicen que en sus clases se les encargó evaluar la calidad de la información generada por IA, con porcentajes del 31 % a más del 80 % según el país. El alumnado socioeconómicamente desfavorecido tiene menos probabilidad de declararlo, y el propio informe advierte de una posible nueva brecha socioeconómica.
La base digital no está asegurada para todos. En el estudio ICILS 2023, según el análisis de la Comisión Europea, de media en los países de la UE participantes el 43 % del alumnado de 8.º curso (13-14 años) no alcanza el nivel básico de competencia digital; el objetivo de la UE es reducir ese porcentaje a menos del 15 % en 2030.
Cómo leerlos (y qué no dicen)
- Son datos autodeclarados. Lo de PISA es lo que cuenta el alumnado de 15 años, no una observación de las aulas.
- ICILS no mide IA. Evalúa alfabetización informática y de la información. Nos dice que hay alumnado sin una base digital sólida, no cuánta IA sabe usar. Además, es una media de los países de la UE participantes: no conviene aplicarla tal cual al caso español.
- El acceso no es lo mismo que el uso con criterio. Que casi todos los menores usen ordenador no significa que todos reciban orientación sobre cómo usar la IA.
- Los datos no prueban por sí solos que la IA agrande la brecha. Avisan de un riesgo razonable. Convertirlo en certeza sería ir más allá de lo que dicen.
Dónde puede abrirse la brecha de IA
La brecha digital clásica era sobre todo de acceso. La de IA puede ser de otro tipo, y conviene mirarla en varios niveles:
| Nivel | Cómo puede ampliarse | Qué puede hacer el colegio |
|---|---|---|
| Entre hogares | Unas familias acompañan, conocen los riesgos y tienen herramientas más completas; otras no tienen tiempo, información o recursos | Ofrecer en el centro la misma base para todos y orientar a las familias con consejos que no cuesten dinero |
| Entre alumnos | Quien aprende a preguntar bien y a comprobar las respuestas avanza; quien solo copia, se queda atrás | Enseñar a verificar, a citar y a explicar con palabras propias, para todo el grupo |
| Entre centros | Algunos centros tienen profesorado formado y acuerdos con proveedores; otros no tienen ni tiempo ni apoyo | Compartir materiales y experiencias entre centros y redes, y priorizar la formación del profesorado |
| Entre docentes | La formación en IA llega de forma desigual dentro del mismo claustro | Formación común, básica y obligatoria para quien la necesite, con tiempo dentro de la jornada |
| Por necesidades específicas | Quien necesita adaptaciones puede quedarse fuera de las herramientas | Usar la IA, con supervisión del docente, para adaptar materiales y ampliar el acceso, no para reducirlo |
Fíjate en la última fila: la IA también puede reducir brechas. Adaptar un texto a un nivel de lectura distinto, traducirlo o generar apoyos visuales son usos que pueden ayudar a alumnado que lo necesita. Que aumente la desigualdad o la reduzca depende menos de la herramienta que de cómo y quién la use.
Por qué el colegio es el sitio donde igualar
El colegio tiene tres ventajas que ninguna familia ni ninguna plataforma tiene por sí sola:
- Llega a todo el alumnado. No selecciona por renta ni por interés previo: todos los de un grupo reciben lo mismo.
- Puede acompañar el uso. Un docente que está presente cuando se usa una herramienta enseña a preguntar, a dudar y a comprobar, que es justo lo que no se aprende copiando.
- Puede fijar un mínimo común. Aunque cada familia haga cosas distintas en casa, el centro puede asegurarse de que todos entienden qué es la IA, cómo se equivoca, cómo se verifica y qué datos no se comparten.
Eso no significa que el colegio pueda hacerlo solo ni que deba sustituir a las familias. Significa que es el único espacio donde la base puede ser igual para todos.
Qué puede hacer un centro, paso a paso
- Definir una base mínima por etapa. Qué debe saber todo el alumnado al terminar cada ciclo: qué es la IA y qué no, por qué se equivoca, cómo se comprueba una respuesta y cómo se protege la privacidad. Se enseña a todos, no solo a quien muestra interés.
- Trabajar con herramientas autorizadas por el centro, dentro del aula. Evita encargar tareas que obliguen a tener una herramienta concreta o de pago en casa. Si hay que usarla, que sea en el centro y con acompañamiento.
- Formar al profesorado primero. Sin docentes seguros, la base común se queda en un papel. La formación debe ser práctica y adaptada a cada materia.
- Llegar a las familias sin exigir recursos. Una sesión y una guía breve en lenguaje claro sobre lo básico: qué se usa en el centro, qué conviene vigilar y a quién preguntar. Con consejos que se puedan aplicar sin comprar nada.
- Mirar quién se queda fuera. Si hay alumnado que participa menos o no puede completar las actividades, el centro debe verlo y ajustar. Un indicador sencillo es quién ha podido hacer cada actividad y quién no.
- Cuidar la privacidad desde el principio. Ningún dato personal del alumnado va a una herramienta sin base legal y sin consentimiento cuando proceda; el delegado de protección de datos del centro es la persona a quien consultar.
Límites y riesgos
- El colegio solo no resuelve la desigualdad. Si un centro carece de conexión, dispositivos o tiempo, la IA no suple esa falta.
- El uso acompañado exige docentes con tiempo. Pedirlo sin dar recursos es trasladar el problema al profesorado.
- La IA no sustituye la relación docente. Puede preparar materiales o adaptar textos, pero la evaluación, el seguimiento y la atención personal siguen siendo humanos. Las decisiones sobre calificaciones las toma el docente.
- Hay riesgo de dependencia. Una IA que hace las tareas por el alumno no iguala: empobrece. Importa tanto cómo se usa como que se use.
- Hay que revisar las herramientas. Un centro no debería adoptar una solución sin analizar qué hace con los datos de menores.
Si te interesa el lado práctico, puedes leer cómo recoger el uso de IA en las normas de convivencia, cómo medir el tiempo que ahorra la IA al profesorado y qué precauciones exige el Reglamento europeo con menores en centros educativos.
Fuentes
- INE (2025): Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares. Año 2025
- OCDE, PISA 2025 (2025): PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students – Box I.4.2 Assessing AI-generated information as a learning opportunity
- Comisión Europea, DG EAC (2023): International Computer and Information Literacy Study (ICILS) in Europe, 2023
Conclusión
La IA no crea la desigualdad, pero puede ampliarla si cada alumno aprende lo que le toque en casa. El colegio tiene la oportunidad de ofrecer a todo el alumnado la misma base: qué es la IA, cómo se verifica, qué datos se protegen y cómo se usa con criterio, siempre con acompañamiento docente y sin depender de lo que haya en casa.
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