Según el INE, en 2025 el 96,5 % de los menores de 10 a 15 años en España navegaba por Internet y el 67,9 % usaba teléfono móvil. En el tramo de 16 a 24 años, el 75,6 % había usado herramientas de IA generativa en los tres meses anteriores a la encuesta. Son datos autodeclarados de encuestas a hogares, pero dicen algo evidente: tus hijos no van a esperar a que tú te sientas preparado para hablar de IA.
La buena noticia es que no hace falta ser experto. Para acompañar a un hijo o a una hija no se necesita saber más que ellos de tecnología: se necesita curiosidad, un poco de tiempo y algunas normas claras que se acuerden en casa. Esta guía breve propone cuatro formas de hacerlo y termina con un documento que el colegio puede entregar a las familias. El centro y la casa empujan en la misma dirección: educar a los chicos y chicas para que usen la IA con criterio, que es parte del futuro que les espera.
Primero, tres papeles que puedes tener a la vez
- El curioso. Preguntas sin examinar. «Enséñame qué haces con eso» abre más conversaciones que «¿qué estás haciendo con el móvil?».
- El compañero de pruebas. Prueban juntos. No pasa nada por no saber; es mejor descubrir juntos cómo funciona y dónde se equivoca.
- El que pone límites. Con cariño y con motivos. Los límites funcionan mejor cuando se han hablado y acordado, no cuando aparecen de golpe tras un problema.
Cuatro formas de acompañar
1. Conversar con preguntas abiertas. Sin reproche y sin prisa. Algunas que funcionan:
- «¿Para qué la has usado esta semana?»
- «¿Te ha respondido algo que te ha parecido raro?»
- «¿Qué harías si te dice algo y no sabes si es verdad?»
- «¿Qué cosas no le contarías nunca a una máquina?»
Si la respuesta te preocupa, respira. Lo importante es que siga contándotelo.
2. Probar juntos, en un rato corto. Un ejercicio que funciona con casi cualquier edad es el de «caza el error». Haz a la herramienta una pregunta cuya respuesta conoces bien (algo de la familia, de su equipo favorito, de una asignatura que domina tu hijo) y miradlo juntos. Verás que a veces acierta y que otras veces se equivoca con total seguridad. Esa experiencia enseña más que cualquier sermón.
3. Comprobar lo que dice. La IA puede inventarse datos, citas y fuentes con un tono muy convincente. Acostumbra a tu hijo a hacerse una pregunta: «¿cómo sé que esto es verdad?». Para lo importante, se contrasta con dos fuentes fiables y se pregunta a un adulto o al docente. Es una versión moderna de lo que siempre se ha hecho con una enciclopedia, con un amigo o con un titular.
4. Acordar normas por escrito. Pocas, claras y revisables. Mejor tres que se cumplen que quince que se olvidan. Más abajo tienes un modelo.
La privacidad: lo que más conviene cuidar
El 27 de enero de 2026, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) publicó el decálogo «Cuidado con lo que le confIAs». Entre sus recordatorios, advierte de que la infancia y la adolescencia pueden no ser plenamente conscientes de los riesgos de compartir información con una herramienta de IA. Son recomendaciones, no obligaciones legales por sí mismas, pero encajan con el sentido común de cualquier familia.
En la práctica, conviene hablar de estas cuestiones:
- Qué no se cuenta. Nombre completo, dirección, colegio, teléfono, fotos o audios propios y, sobre todo, ajenos. Las fotos de compañeros no se suben nunca a una herramienta.
- Condiciones de cada herramienta. Cada servicio fija una edad mínima y unas condiciones de uso. Léelas antes de que tu hijo se registre, o hazlo con él.
- Una cuenta propia no siempre es buena idea. Al principio, usarla en una zona común y con un adulto cerca simplifica mucho.
- El consentimiento tiene reglas. En España, el tratamiento de datos de un menor solo puede basarse en su propio consentimiento a partir de los catorce años, salvo los supuestos en que la ley exige la asistencia de quienes ejercen la patria potestad o tutela. Si tienes dudas sobre un servicio, pregunta al tutor o al delegado de protección de datos del colegio.
Señales para hablar con el tutor o con un adulto de confianza
No son un diagnóstico, solo motivos para sentarse a hablar:
- La IA hace los trabajos enteros, en lugar de ayudar a entender.
- Se la usa como confidente para cosas emocionales importantes. La IA no es un profesional de la salud ni sustituye a una persona de confianza, y un adulto debería saber lo que se habla.
- Aparecen imágenes, audios o mensajes falsos sobre compañeros, o se usan para burlarse de alguien.
- Hay mucho secretismo, cambios de ánimo o malestar relacionado con lo que ocurre en pantalla.
Ante cualquiera de ellas, lo primero es escuchar. Después, coordinarse con el tutor o el equipo de orientación del centro.
Documento para las familias (el colegio puede entregarlo)
El texto que sigue está pensado para imprimirse o compartirse tal cual, o para que cada centro lo adapte a su proyecto educativo.
Hablar de IA en casa: ocho ideas para familias
La IA ya forma parte de la vida de nuestros hijos. Nuestro papel no es prohibirla ni ignorarla, sino acompañarles para que la usen con criterio. Estas ideas pueden ayudar.
- No hace falta ser experto. Basta con interesarse y probar juntos.
- Conversad con regularidad. Preguntad para qué la usan y qué les ha sorprendido, sin reproches.
- Probad juntos. Haced una pregunta que conozcáis bien y mirad cómo responde. Veréis que puede equivocarse con seguridad.
- Comprobad lo importante. Lo que importa se contrasta con dos fuentes fiables.
- Cuidad los datos. Nada de nombre completo, dirección, colegio ni fotos o audios, propios o de otros.
- Que sea una ayuda, no un sustituto. La IA puede ayudar a entender; no debe hacer el trabajo entero.
- Contad cuándo se ha usado. Si se ha usado en un trabajo, se dice.
- Si algo incomoda, se cuenta. Sin miedo a ser castigado. Hablad con el tutor si hace falta.
Este documento acompaña, pero no sustituye, las normas del colegio ni las condiciones de cada herramienta.
Y un modelo de acuerdo familiar que se puede rellenar en casa, con una casilla por cada compromiso:
- Usamos la IA en una zona común de casa, al menos al principio.
- La usamos para entender un tema, practicar o sacar ideas, no para que haga el trabajo por mí.
- No compartimos nombre completo, dirección, colegio, fotos ni audios, propios ni de otros.
- Lo importante lo comprobamos en dos sitios.
- Si la he usado en un trabajo, lo digo.
- No pedimos a la IA nada que humille o dañe a otra persona.
- Si algo me incomoda, se lo cuento a un adulto de confianza.
- Revisamos este acuerdo cada trimestre y lo ajustamos entre todos.
Y el colegio, ¿qué papel tiene?
Un centro puede hacer tres cosas útiles: entregar documentos como el anterior, explicar a las familias qué usos de IA se hacen en clase y con qué cautelas, y ofrecer charlas para madres y padres. La coordinación entre casa y colegio importa más que cualquier norma suelta, porque los chicos notan cuando los adultos dicen lo mismo.
Si quieres seguir leyendo, tienes los límites de un chatbot que habla con niños, qué puede aportar la IA a una asociación de madres y padres y qué debería saber un alumno de IA al terminar la ESO.
Fuentes
- INE (2025): Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares. Año 2025
- AEPD (2026): La AEPD publica un decálogo con recomendaciones para proteger la privacidad al usar herramientas de IA
- BOE (2025): Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales
Conclusión
Hablar de IA con los hijos no requiere saber de tecnología, sino conversar, probar juntos, comprobar lo que responde la herramienta y acordar unas normas sencillas. Lo esencial es el acompañamiento adulto, la privacidad y el pensamiento crítico. Y casa y colegio funcionan mejor si dicen lo mismo.
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