Formación en colegios·1 de octubre de 2026·7 min de lectura

Adaptar materiales a la diversidad con IA: formación del docente

Qué necesita saber el profesorado para usar la IA al preparar versiones de un mismo material para ritmos y necesidades distintos, sin datos del alumnado.

Preparar tres versiones de la misma ficha de comprensión lectora, una con frases más cortas, otra con apoyos visuales y otra con retos de ampliación, es una tarea que consume mucho tiempo a cualquier docente. Y es también una de las tareas donde la IA puede ayudar más, precisamente porque trabaja sobre el material y no sobre las personas. Pero ayudar no es decidir: ni qué necesita cada alumno, ni qué versión le corresponde, ni si el resultado es correcto. Eso sigue siendo del docente y, cuando procede, del equipo de orientación del centro.

Este artículo recoge lo que el profesorado necesita saber para usar la IA como apoyo en este trabajo: qué se le puede pedir y qué no, cómo hacerlo sin introducir datos personales del alumnado, qué itinerario de formación tiene sentido y por qué la revisión docente es un paso obligado. Detrás hay una idea sencilla: preparar al alumnado para el futuro empieza por preparar bien a quienes les enseñan, y la IA ya forma parte de ese futuro.

Qué se le puede pedir a la IA y qué no

Lo que sí: proponer una versión de un texto con frases más cortas y vocabulario más sencillo; añadir un glosario de los términos clave; reorganizar un contenido en pasos numerados; redactar preguntas de comprensión de dificultad progresiva; sugerir ejemplos distintos para explicar el mismo concepto; convertir un texto en un esquema o en un guion para explicar en voz alta; proponer actividades de ampliación para quien avanza más rápido; describir con palabras las imágenes que el docente prepare para acompañar el texto.

Lo que no: saber qué necesita un alumno concreto; decidir qué adaptaciones corresponden a quién; diagnosticar o etiquetar; sustituir la mirada del docente sobre el grupo; asegurar que lo que escribe es correcto. Las medidas de apoyo las decide el centro, con su equipo de orientación y contando con las familias. La IA solo ayuda a preparar materiales una vez que esas decisiones ya están tomadas.

La regla de oro: describe el material, no a la persona

Casi todo lo que puede salir mal en este uso se evita con una sola costumbre: pedir la adaptación del material y nunca hablar del alumno. Dos ejemplos de petición:

  • Correcta: «Adapta este texto de ciencias naturales a un nivel de lectura más sencillo, con frases cortas, un glosario de los términos clave y tres preguntas de comprensión.»
  • Incorrecta: «Adapta este texto para Lucía, que tiene dislexia y cuyo informe dice que…»

La segunda mete en una herramienta datos personales de una menor, incluida información sobre su situación, y eso no debe hacerse. Tampoco con iniciales, ni con detalles que permitan reconocerla, ni con notas, informes, fotografías o trabajos del alumnado. Esto es válido para cualquier etapa y para cualquier herramienta, aunque parezca inofensiva.

Otras precauciones que forman parte de la formación básica del docente:

  • Material de partida propio o de uso libre. Si el texto es de una editorial, conviene comprobar qué permite su licencia antes de transformarlo.
  • Herramienta aprobada por el centro, revisada con el delegado de protección de datos. Nada de cuentas personales ni de aplicaciones elegidas por cada docente.
  • Nada de datos del alumnado en ninguna fase, ni en la petición, ni en el material de ejemplo, ni en lo que se guarda después.

Para entender por qué el centro debe plantearse la base legal de cualquier uso con datos, tienes el análisis en consentimiento o función educativa: base legal del uso de IA. Y para ver cómo se trabaja la IA con el alumnado de Primaria, qué trabajar de IA en cada uno de los tres ciclos.

Un itinerario de formación en tres etapas

La formación que funciona no es una charla: es una secuencia corta con práctica. Una propuesta para adaptar al centro:

Etapa Qué se trabaja Producto final
1. Criterio y límites Cómo funciona a grandes rasgos, por qué se equivoca, qué datos no se introducen, derechos de autor, sesgos y estereotipos, acuerdos del centro Un decálogo de uso acordado por el claustro
2. Práctica con material propio Cada docente adapta una unidad que ya imparte: versión sencilla, versión de ampliación, esquema. Se aprende a pedir con claridad y a corregir Una unidad adaptada y revisada
3. Revisión entre iguales y mejora Se ponen en común las adaptaciones, se revisan con una lista de comprobación, se ajustan y el equipo de orientación aporta qué apoyos son pertinentes Un banco de materiales del centro, con versiones revisadas

Tres consejos de organización. Primero, sesiones cortas y espaciadas, con tarea entre una y otra, en lugar de una jornada intensiva que se olvida. Segundo, grupos por etapa o por materia, porque las necesidades de un aula de Infantil y las de Bachillerato no se parecen. Tercero, un responsable en el centro, con tiempo reconocido, que recoja dudas y mantenga el banco al día.

La revisión docente: el paso que no se salta

Ninguna versión adaptada llega al aula sin que el docente la haya leído completa. La IA puede cambiar una fecha, simplificar una definición hasta volverla incorrecta, introducir un ejemplo con estereotipos o dejar fuera lo esencial del objetivo de aprendizaje. Una lista de comprobación que conviene tener a mano:

  • El contenido es correcto: fechas, datos, definiciones y operaciones coinciden con el original.
  • Se mantiene el objetivo de aprendizaje: simplificar no es vaciar.
  • El nivel es adecuado para el grupo al que se destina.
  • Los ejemplos, nombres e imágenes no contienen sesgos ni estereotipos.
  • El lenguaje es respetuoso e inclusivo.
  • El formato es accesible: letra legible, buen contraste, estructura clara.
  • Se respetan los derechos del material original.
  • El docente lo ha probado con el grupo y ha ajustado lo que no funcionaba.

Y una decisión que nunca se delega: qué versión recibe cada alumno. Eso lo decide el docente, conociendo a su grupo, y no la herramienta.

Qué dicen los datos sobre profesorado e IA

El contexto ayuda a medir la urgencia sin dramatizar. Según el INEE (TALIS 2024), el 35 % de los docentes de secundaria en España declara haber usado IA en su trabajo docente durante el último año; en primaria, el 28 %. Es decir, una parte del profesorado ya la usa y otra no, y una formación común del centro evita que cada docente improvise por su cuenta.

También hay un mandato social. Según un Eurobarómetro Flash de la Comisión Europea sobre las necesidades futuras de la educación digital, el 81 % de los ciudadanos dice que los docentes deberían tener las habilidades para usar y entender la IA. Es una opinión de la ciudadanía (encuesta online a 25.781 personas de los 27 países de la UE en mayo de 2025), no una medición de competencias, pero indica lo que se espera de la escuela.

Hay, además, referencias prácticas. La Comisión Europea publicó en 2026 la versión actualizada de sus directrices sobre el uso ético de la IA y los datos en la enseñanza y el aprendizaje para educadores, que incorpora el Reglamento europeo de IA y el RGPD. Y el INTEF publicó el 8 de septiembre de 2026 una nueva versión de su guía sobre el uso de la IA en el ámbito educativo, con tres perfiles (alumnado, profesorado y centro), situaciones de aprendizaje y un modelo de declaración de uso de IA.

Fuentes

Conclusión

La IA puede ahorrar al profesorado horas de trabajo al preparar versiones de un mismo material, siempre que se pida sobre el material y no sobre el alumno, que la herramienta esté aprobada por el centro y que el docente revise todo antes de usarlo. Un itinerario corto en tres etapas (criterio, práctica, revisión entre iguales) convierte la curiosidad individual en una práctica compartida del centro. Qué necesita cada alumno y qué versión recibe sigue siendo una decisión del docente y del equipo de orientación.

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