Formación en colegios·1 de octubre de 2026·8 min de lectura

Del Bachillerato a la universidad: qué políticas de IA conocer

Análisis de cómo se plantea el uso de la IA en trabajos y exámenes al llegar a la universidad y qué hábitos debe llevar el alumnado de 2.º de Bachillerato.

Según el INE, en 2025 el 75,6 % de las personas de 16 a 24 años en España usó herramientas de IA generativa en los tres últimos meses, frente al 37,9 % del conjunto de la población de 16 a 74 años. Son datos autodeclarados de una encuesta a hogares, pero dibujan una realidad que cualquier docente de Bachillerato reconoce: el alumnado llega a la universidad con la IA ya incorporada a su manera de estudiar.

El problema es que las reglas del sitio al que llegan no siempre se parecen a las del sitio del que vienen. En un centro, la IA puede ser una herramienta acompañada; en una asignatura universitaria, puede estar permitida con una declaración, prohibida en un examen o libre en un trabajo. Quien no lo sepa corre el riesgo de tropezar en el primer trimestre. Este análisis explica qué esperar y qué hábitos conviene formar antes de dar el salto.

Qué dicen los datos y qué no dicen

Eurostat (2025) estima que, en la UE, el 63,8 % de los jóvenes de 16 a 24 años usó herramientas de IA generativa y que el 39,3 % las usó para educación formal. Ese último porcentaje se refiere al total de jóvenes de esa edad, no solo a quienes usan IA.

Conviene leer estas cifras con cuidado. Miden si alguien ha usado una herramienta en los tres meses previos a la encuesta, no cómo la ha usado, ni si estaba permitido, ni si la ha ayudado a aprender. Tampoco dicen nada de lo que las universidades permiten o prohíben. Este artículo no recoge un recuento de políticas universitarias, porque no vamos a inventarlo: lo que sigue es un análisis de situaciones posibles, no una estadística.

No hay una norma única

La primera idea útil para el alumnado es que no existe una política de IA común a todas las universidades. En la práctica, cada universidad puede fijar sus criterios, y dentro de ella cada facultad o cada asignatura puede matizarlos. Además, estos criterios se están revisando con rapidez, de modo que lo que valía el año pasado puede no valer ahora.

Esto tiene una consecuencia práctica: memorizar una norma sirve de poco. Lo que protege son los hábitos, que funcionan en cualquier sitio.

También hay referencias comunes que ayudan a orientarse. El INTEF (Ministerio de Educación) publicó el 8 de septiembre de 2026 una nueva versión de su «Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo», organizada en tres perfiles (alumnado, profesorado y centro), que incluye un modelo de declaración de uso de IA. Es un ejemplo del tipo de práctica que conviene normalizar: decir qué se ha usado y para qué. Y la Comisión Europea publicó en 2026 la versión actualizada de sus directrices sobre el uso ético de la IA y los datos en la enseñanza, dirigidas a docentes de primaria y secundaria.

Tres posturas que puedes encontrarte

Sin ánimo de hacer un recuento, estas son tres formas de plantearlo que el alumnado puede encontrar en trabajos y exámenes. Una misma universidad puede combinarlas según la asignatura:

Postura Cómo puede plantearse Hábito que te protege
No se permite en pruebas, sí al estudiar Exámenes presenciales o sin dispositivos; la IA sirve para preparar, no para responder Practicar sin ayuda antes del examen, con preguntas que te haces tú
Se permite con declaración En los trabajos hay que indicar qué herramienta se usó, para qué y qué parte es propia Llevar un registro de usos y declararlos siempre
Depende de la tarea Cada docente fija lo que vale en cada entrega, a veces por escrito en la guía de la asignatura Leer cada guía y preguntar por escrito si algo no queda claro

Hay una cuarta realidad, que es la evaluación que pide explicar el trabajo: defensas orales, preguntas sobre un trabajo entregado o pruebas en directo. En esos casos, lo que cuenta es entender de verdad lo que se ha entregado.

Nueve hábitos para llevar de 2.º de Bachillerato

  1. Lee las normas de cada asignatura. Al empezar el curso, busca en la guía docente o en el campus virtual lo que se dice sobre IA. Si no queda claro, pregunta por escrito y guarda la respuesta.
  2. Declara lo que uses. Herramienta, para qué y qué parte del resultado es tuya. Es mejor declarar un uso menor que ocultar uno que se descubra después.
  3. Guarda el rastro de tu trabajo. Borradores, notas, versiones anteriores. Si alguien te pide explicar cómo llegaste a un resultado, podrás hacerlo.
  4. Usa la IA para entender, no para sustituirte. Pídele que te explique un concepto de otra manera, que te ponga preguntas de repaso o que te señale lagunas. Lo que entregues tiene que haber pasado por tu cabeza.
  5. Comprueba todo. Una herramienta puede inventar datos, citas o referencias con total seguridad. Si algo va en tu trabajo, tienes que haberlo contrastado con una fuente fiable.
  6. Cita con honestidad. Lo que no es tuyo, sea de una persona o de una herramienta, se indica.
  7. Practica sin ayuda. Los exámenes presenciales y orales exigen dominio propio. Dedica tiempo a estudiar sin herramientas, sobre todo en la recta final.
  8. Protege los datos. No subas a una herramienta datos personales tuyos ni de compañeros, ni trabajos ajenos que no te pertenecen.
  9. Prepárate para explicar tu trabajo. Una sospecha no es una prueba, y la mejor defensa ante cualquier duda es saber explicar lo que has hecho y por qué.

Qué pueden hacer los centros de Bachillerato

Estos hábitos no se aprenden de golpe en septiembre. Los centros pueden trabajarlos durante el curso:

  • Simular la declaración de uso. En alguna entrega, pedir al alumnado que indique si usó IA y cómo, con el mismo espíritu que verá después. Sin sanción: el objetivo es crear costumbre.
  • Señalizar cada tarea. Un código sencillo (permitido, permitido con declaración, no permitido) en cada actividad evita malentendidos y prepara para lo que se encontrarán.
  • Trabajar el criterio. La Comisión Europea y la OCDE presentaron el 18 de junio de 2026 un marco de alfabetización en IA para primaria y secundaria, con 4 dimensiones (interactuar con la IA, crear con ella, gestionarla y darle forma) y 19 competencias. Es un marco de referencia, no una norma, pero sirve para ordenar lo que el alumnado debería saber hacer y comprender.
  • Cuidar las herramientas que evalúan o vigilan. El Reglamento europeo de IA clasifica como de alto riesgo, entre otros, los sistemas destinados a evaluar resultados de aprendizaje y a vigilar comportamientos prohibidos del alumnado durante las pruebas; sus obligaciones se aplican desde el 2 de diciembre de 2027. Además, prohíbe el reconocimiento de emociones en centros educativos, salvo excepciones muy concretas, y esa prohibición rige desde febrero de 2025 (Comisión Europea, 2026). Antes de usar cualquier herramienta de este tipo, conviene consultar al delegado de protección de datos del centro.

Y una regla que no cambia: las decisiones sobre las calificaciones y la evaluación del alumnado las toma siempre el docente. La IA puede ayudar a preparar material, pero no sustituye ese juicio.

Si quieres profundizar, tienes las precauciones que exige el uso de IA con menores en centros educativos, una mirada a la IA en los institutos de educación secundaria y una guía para que el claustro hable de IA sin polarizarse.

Fuentes

Conclusión

Entre el Bachillerato y la universidad cambian las reglas, y no hay una única política que aprender. Lo que sí se puede trabajar desde ahora son hábitos que funcionan en cualquier sitio: leer las normas de cada asignatura, declarar el uso, guardar el rastro del trabajo, comprobarlo todo, practicar sin ayuda y saber explicar lo entregado. Un alumnado que usa la IA con criterio y honestidad está mejor preparado para el futuro que uno que la evita o que la usa sin pensar.

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