La escena se repite en muchos claustros. Alguien plantea la pregunta, «¿usamos la IA o no?», y durante media hora se cruzan argumentos que tienen sentido cada uno por su lado: preocupación por el plagio, curiosidad por lo que podría ayudar, miedo a quedarse atrás, miedo a hacerlo mal. La reunión termina con un «ya lo seguiremos hablando» y el siguiente claustro vuelve a empezar desde cero.
Mientras tanto, el alumnado ya conoce estas herramientas, las familias preguntan y el curso avanza. No decidir también es una decisión, y suele ser la menos meditada. Esta guía propone un camino para convertir la discusión en acuerdos pequeños, claros y revisables, partiendo de una idea sencilla: el colegio existe para preparar al alumnado para el futuro, la IA forma parte de ese futuro y, por tanto, lo que toca es educar en ella con criterio, no esquivarla.
Por qué el debate se atasca
La pregunta «sí o no» es demasiado grande. Dentro de ella caben cosas muy distintas, y cada persona del claustro piensa en una diferente:
- Una docente piensa en que el alumnado entregue redacciones hechas por una máquina.
- Otro piensa en usarla para preparar fichas y ahorrar tiempo.
- La jefa de estudios piensa en qué datos del alumnado podrían acabar en una herramienta externa.
- Un tutor piensa en un grupo de primeros cursos y otro en un grupo de bachillerato.
Cuando se mezclan etapas, usos, herramientas y riesgos en una sola pregunta, no hay respuesta posible. La solución no es convencer a nadie, sino trocear.
Paso 1: cambia la pregunta por cuatro más pequeñas
Propón al claustro responder, una a una, a estas preguntas:
- ¿Qué puede hacer el alumnado con IA, en cada etapa y en qué tipo de tareas?
- ¿Qué puede hacer el profesorado con IA para su propio trabajo?
- ¿Qué datos no entran nunca en una herramienta de IA?
- ¿Qué necesitamos aprender antes de decidir más?
Cada pregunta admite respuestas con matices y, sobre todo, admite acuerdos parciales. Es más fácil que un claustro dividido en lo grande se ponga de acuerdo en que «los datos personales del alumnado no se introducen» que en si la IA es buena o mala.
Paso 2: acuerda criterios de uso, no prohibiciones ni permisos generales
Un criterio es una regla que dice qué se puede hacer, en qué condiciones y quién lo supervisa. Una tabla sencilla ayuda a ver el conjunto:
| Uso | Criterio propuesto |
|---|---|
| El docente prepara materiales con ayuda de IA | Permitido; el docente revisa todo antes de usarlo y no incluye datos personales del alumnado |
| El alumnado explora un tema con IA en clase | Permitido con el docente presente, en una tarea pensada para ello y adecuada a la etapa |
| El alumnado usa IA en un trabajo evaluable | Solo si la tarea lo indica expresamente y el alumno explica cómo la ha usado |
| Introducir nombres, fotos, notas, informes o datos de familias | No |
| Calificar o valorar a un alumno con IA | No: es una decisión del docente |
| Uso fuera del centro | Orientaciones claras a las familias, sin pretender controlar lo que ocurre en casa |
Estos criterios son un punto de partida, no una plantilla definitiva. Cada centro los ajusta a su proyecto educativo, a las edades del alumnado y a las condiciones de cada herramienta, que a menudo establecen sus propios requisitos de edad. Para cualquier duda sobre datos personales, la persona de referencia es el delegado de protección de datos del centro.
Paso 3: formación junto a la norma, no después
Una norma que nadie entiende no se cumple, y un claustro que no ha visto nunca cómo responde una IA discute en abstracto. Por eso conviene que el acuerdo incluya formación para el profesorado: una o dos sesiones prácticas, con casos del propio centro, en las que cada docente prueba la herramienta con una tarea suya y ve de primera mano sus aciertos y sus errores.
Quien ha comprobado que una IA puede inventar una cita con total seguridad entiende por qué el alumnado debe aprender a verificar. Si tu claustro está en el punto de partida, por dónde empieza un claustro que nunca ha probado la IA propone un primer recorrido. Y si la duda es qué dice el marco europeo sobre la formación en IA y cómo afecta a los centros, la alfabetización en IA del artículo 4 y los colegios lo explica.
Paso 4: un calendario con un primer paso pequeño y revisable
El mayor freno al acuerdo es el miedo a que sea definitivo. Se quita fijando desde el principio que lo que se decide es un primer paso, con fecha de revisión. Por ejemplo:
- Alcance reducido. Un grupo por etapa, o un departamento, o una asignatura. No todo el centro.
- Plazo corto. Un trimestre, por ejemplo, con una revisión a mitad y otra al final.
- Qué se observa. Qué ha funcionado, qué ha preocupado, si ha habido incidentes con datos, qué ha dicho el alumnado.
- Qué se decide al final. Ampliar, mantener o pausar. Puedes ver cómo se decide en cuándo ampliar, mantener o frenar el programa de IA del centro.
Con este formato, quien duda puede apoyar el primer paso porque sabe que no se compromete a nada más.
Paso 5: un responsable y un lugar donde se decide
Las decisiones sin dueño se evaporan. Conviene nombrar:
- Una persona o una pequeña comisión responsable del programa: coordina el calendario, recoge dudas y convoca las revisiones. Si es una comisión, que incluya a alguien de dirección y a alguien con experiencia directa en el aula.
- Un canal sencillo para que el profesorado cuente lo que ha probado y lo que ha salido mal, sin sentirse juzgado.
- Una vía clara de aviso si ocurre algo con datos personales del alumnado, que llegue de inmediato a dirección y al delegado de protección de datos.
Paso 6: contarlo sin dramatismo
Cuando haya algo acordado, hay que explicarlo. A las familias, con un mensaje corto: qué se va a hacer, con qué normas, quién acompaña al alumnado y a quién pueden preguntar. Al alumnado, en un lenguaje que entiendan, con ejemplos de lo que sí y lo que no. Puedes apoyarte en reunión de inicio de curso: guion para hablar de IA con las familias.
Una página de acuerdo para el claustro
Si al final de la reunión puedes rellenar esto, habéis pasado del debate a la decisión:
- Los criterios de uso acordados, en una página y en lenguaje llano.
- La lista de datos que no entran nunca en una herramienta de IA.
- El plan de formación del profesorado: quién, cuándo y con qué ejemplos.
- El alcance del primer paso: qué grupos, qué asignaturas, qué duración.
- El responsable o la comisión, con nombres.
- La fecha de revisión y lo que se mirará en ella.
- El mensaje a familias y alumnado, con quién lo envía y cuándo.
Lo que la IA no resuelve
Conviene decirlo en voz alta durante el proceso: una herramienta puede ayudar a redactar el borrador del acuerdo o a ordenar las aportaciones del claustro, pero el acuerdo es del centro. Tampoco decide quién aprende, quién aprueba ni qué se hace ante un incidente: eso lo hacen las personas, con el apoyo del equipo directivo y, en materia de datos, del delegado de protección de datos.
Conclusión
Pasar de «IA sí o no» a decisiones concretas es cuestión de trocear la pregunta, acordar criterios de uso, formar al profesorado a la vez que se pacta la norma, empezar por un primer paso pequeño con fecha de revisión y nombrar a alguien responsable. Así el centro avanza sin que nadie tenga que renunciar a sus dudas.
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