Formación en colegios·1 de octubre de 2026·8 min de lectura

¿Qué necesita saber el consejo escolar para opinar sobre la IA?

Qué información debe recibir el consejo escolar antes de debatir el uso de la IA en el centro: finalidad, datos, formación y evaluación, con un dossier modelo.

En el orden del día aparece un punto nuevo: «Uso de la inteligencia artificial en el centro». Las familias llegan con una mezcla de curiosidad y recelo, el profesorado con opiniones muy distintas según lo que haya probado cada cual, y la dirección con una propuesta a medio explicar. Si el consejo escolar debate con esa información, lo normal es que la conversación gire en torno a lo que cada uno ha oído en las noticias.

Opinar con criterio sobre la IA no exige entender cómo funciona por dentro. Exige tener delante cuatro cosas: para qué se quiere usar, con qué datos, quién está preparado y cómo se comprobará si funciona. Este artículo reúne esas cuatro piezas en un dossier modelo y en una lista de preguntas para que el consejo decida con información. Las competencias exactas del consejo y el procedimiento para llevar un asunto a debate dependen de la normativa de tu comunidad y de la titularidad del centro: confírmalas con la dirección o con la inspección educativa antes de dar nada por sentado.

¿Por qué conviene que el consejo opine antes de empezar y no después?

La IA suele entrar en un centro por la puerta de atrás. Un docente prueba un asistente para preparar materiales, una plataforma que ya se usa incorpora una función nueva, un alumno la usa en casa para un trabajo. Cuando nadie ha hablado de ello, cada uso se decide solo, con criterios distintos y sin que las familias sepan qué ocurre con los datos de sus hijos.

Debatirlo antes tiene tres ventajas:

  • Reglas comunes. Todo el profesorado juega con las mismas normas, y el alumnado sabe qué se espera de él.
  • Confianza. Las familias ven que el centro ha pensado el asunto, y no que se ha encontrado con él.
  • Margen para parar. Es más fácil rectificar cuando se ha dicho de antemano qué se va a comprobar.

Nuestra convicción es que el principio de los colegios es preparar a los alumnos para el futuro, y que la IA forma parte de ese futuro: hay que educarles en ella. Por eso la pregunta útil para el consejo no suele ser «¿sí o no?», sino «¿cómo?»: con el profesorado formado, siempre acompañada por un docente, con criterio ético y cuidando la privacidad del alumnado. Para ese debate el consejo no necesita ser experto en tecnología: necesita información clara y poder preguntar.

¿Qué debe contener el dossier que reciban los miembros?

Un dossier de una o dos páginas, enviado con antelación suficiente y escrito en lenguaje llano. Este es un modelo con siete apartados. Si falta alguno, el consejo puede pedir que se complete antes de decidir.

Apartado Qué debe decir Pregunta que responde
Finalidad El problema concreto que se quiere resolver (por ejemplo, preparar materiales adaptados o educar al alumnado en el uso crítico de la IA) y lo que no se pretende ¿Para qué?
Herramienta y proveedor Tipo de herramienta, quién la ofrece, dónde se alojan los datos y si el contrato ha sido revisado ¿Qué se usa y quién la ofrece?
Datos Qué datos entran y cuáles no; si hay datos personales del alumnado, su base legal y el visto bueno del delegado de protección de datos ¿Qué datos se tocan?
Uso y supervisión Quién la usa (profesorado, alumnado), en qué etapas y con qué acompañamiento del docente ¿Quién la usa y con qué supervisión?
Formación Qué formación recibe el profesorado antes de usarla y qué se explica al alumnado y a las familias ¿Quién está preparado?
Evaluación Cuándo y cómo se comprobará si cumple su finalidad y qué señales harían parar ¿Cómo sabremos si funciona?
Alternativas y salida Qué pasa con quien no quiera usarla y cómo se retira la herramienta y sus datos ¿Y si no funciona?

Un buen dossier es honesto sobre los límites. Debe decir, por ejemplo, que la herramienta puede equivocarse, que no sustituye al docente y que las decisiones sobre el alumnado, como calificar o evaluar, las toma siempre el profesorado. Si el centro todavía no sabe en qué punto está, esta guía de niveles de madurez en IA para colegios ayuda a redactar el apartado de finalidad con los pies en el suelo.

¿Qué preguntas sobre datos y privacidad hay que resolver?

Es el bloque más delicado, porque el alumnado es menor de edad. Estas son las preguntas que el consejo debería ver respondidas por escrito:

  1. ¿Entra algún dato personal del alumnado? Nombre, notas, imagen, voz, necesidades educativas… Si no es imprescindible, no entra. Muchas actividades con IA se pueden hacer sin ningún dato personal.
  2. Si entra, ¿cuál es la base legal y se ha pedido consentimiento cuando hace falta? La edad a partir de la cual una persona menor puede consentir por sí misma el tratamiento de sus datos la fija la ley y puede cambiar. Pregunta siempre al delegado de protección de datos del centro.
  3. ¿Ha revisado el delegado de protección de datos la herramienta y el contrato? Si la respuesta es no, el consejo puede pedir que lo haga antes de decidir.
  4. ¿Dónde se guardan los datos y quién tiene acceso? Incluido el proveedor y sus subcontratistas.
  5. ¿El proveedor reutiliza lo que se introduce para otros fines, como mejorar sus propios sistemas? Debe constar en el contrato. Si quieres saber qué debe pedir un centro, tienes qué debe firmar un colegio con el proveedor de IA.
  6. ¿Se pueden borrar los datos y cómo? Tanto durante el uso como cuando termine.
  7. ¿Qué pasa si alguien introduce datos personales por error? Debe haber un procedimiento sencillo, conocido por todos.
  8. ¿Incluye funciones que analicen emociones o vigilen al alumnado? El Reglamento europeo de IA prohíbe algunos de esos usos en los centros educativos. Si aparecen, es una señal para consultar antes con el delegado de protección de datos.

Para ampliar el marco de los menores, tienes AI Act y menores: precauciones de la IA en educación.

¿Qué formación hace falta y cómo se comprobará que funciona?

Antes de que nadie use una herramienta con alumnado, el consejo puede preguntar tres cosas sobre la formación del profesorado:

  • ¿Es previa al uso? Una formación después de empezar llega tarde.
  • ¿Qué cubre? Qué es la herramienta y qué no hace, cómo se usa de forma acompañada en el aula, cómo se contrasta lo que dice, qué datos no se introducen nunca y qué hacer ante un uso indebido.
  • ¿Hay una persona de referencia a quien el profesorado pueda preguntar sus dudas, también quien decida no usarla?

La formación del personal tiene además una vertiente normativa, que explicamos en alfabetización en IA del artículo 4: ¿afecta también a los colegios?.

Sobre la evaluación del proyecto, conviene fijarla antes de empezar y no cuando ya hay opiniones encontradas. Algunas preguntas que se pueden dejar acordadas:

  • ¿Cumple la finalidad? Si se quería reducir tiempo de preparación o mejorar la educación en uso crítico de la IA, ¿lo ven así docentes, alumnado y familias?
  • ¿Ha habido incidencias? Datos introducidos por error, usos indebidos, quejas. Cada una debe registrarse y revisarse.
  • ¿Qué dice el profesorado sobre el aprendizaje? La valoración pedagógica la hace el profesorado con sus criterios, no la herramienta.
  • ¿Cuándo se revisa? Por ejemplo, al terminar el primer trimestre de uso, con una reunión ya fijada en el calendario.
  • ¿Qué haría parar el proyecto? Dejarlo escrito (una incidencia grave con datos, un uso que el centro no puede supervisar) evita discusiones después.

No hace falta buscar cifras. En un centro pequeño, unas cuantas conversaciones bien recogidas pueden ser más útiles que un cuestionario que nadie contesta.

¿Cómo llevar el debate para que sirva?

Un orden del día sencillo ayuda a que el consejo decida, y no solo a que desahogue dudas:

  1. Presentación breve del dossier, sin tecnicismos, por quien lo ha preparado.
  2. Preguntas de aclaración, apartado a apartado, antes de dar opiniones.
  3. Voces del profesorado, las familias y, si procede, el alumnado, con una pregunta común: ¿qué nos preocupa y qué necesitamos ver?
  4. Decisión. Hay más opciones que «sí» o «no»: aprobar, aprobar con condiciones, probar en un grupo reducido, aplazar hasta recibir más información.
  5. Acta y fecha de revisión, para que lo acordado no quede en el aire.

Después, publica un resumen para las familias en lenguaje llano: qué se va a hacer, con qué datos, quién lo supervisa y a quién preguntar. Es una de las mejores formas de ganar confianza.

Una advertencia final: este artículo no es asesoramiento jurídico. Las competencias del consejo, los plazos para convocarlo y las obligaciones de información a las familias dependen de la normativa que te aplique. Si hay dudas, consulta con el delegado de protección de datos y con la inspección educativa.

Conclusión

El consejo escolar no necesita saber de tecnología para opinar sobre la IA: necesita un dossier claro con finalidad, datos, uso y supervisión, formación, evaluación y salida, y poder preguntar sobre cada uno. Con esa información, el debate pasa de «a favor o en contra» a «cómo, con qué condiciones y cuándo lo revisamos».

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