Marketing suele ser de los primeros departamentos en probar la IA. Escribir lleva tiempo, el calendario de publicaciones no perdona y la tentación de acelerar es enorme. Por eso también es donde más a menudo se ven los tropiezos: publicaciones que podrían ser de cualquier empresa, cifras que nadie sabe de dónde salen, imágenes con dudas de licencia y un tono que cambia de una semana a otra. Lo llamativo es que muchas veces no falla la herramienta sola. Falla la combinación de una herramienta rápida con un equipo al que nadie ha enseñado cómo usarla.
Este artículo repasa los cuatro fallos más comunes cuando el equipo de marketing usa IA por su cuenta y, para cada uno, qué conviene enseñar para evitarlo. No hace falta prohibir nada: hace falta que cada persona sepa dónde están los límites y quién mira el resultado antes de que salga. Al final encontrarás una lista de comprobación para repasar antes de publicar.
Primer fallo: contenido genérico que podría ser de cualquiera
Se reconoce enseguida. Frases como «en un mundo cada vez más digital», «soluciones adaptadas a tus necesidades» o «el compromiso con la calidad nos define», seguidas de párrafos que no mencionan un solo cliente, un solo producto concreto ni una sola decisión propia de tu empresa. El texto está bien escrito y no dice nada.
La causa es simple. Ante una petición vaga, la herramienta devuelve algo parecido a lo que ya existe en abundancia. Si le pides «un artículo sobre las ventajas de nuestro servicio», recibirás las ventajas de cualquier servicio. La IA no conoce tu cocina: tú sí.
Qué conviene enseñar:
- Dar material propio. Preguntas reales de clientes, un caso resuelto, una diferencia verdadera con la competencia, una anécdota del día a día. Con eso, el borrador sale distinto.
- La prueba de quitar el logo. Si al borrar el nombre de la empresa el texto sirve para cualquier otra, no está terminado.
- Poner la experiencia en manos de una persona. La IA ordena y redacta; lo que tu equipo ha vivido, solo lo cuenta tu equipo. Esa parte la añade una persona antes de publicar.
Segundo fallo: datos inventados que parecen reales
Es el más peligroso. Las herramientas de IA pueden escribir una cifra, un estudio, una cita, un nombre de cliente o el número de una ley con total aplomo y sin que existan. Suenan creíbles precisamente porque están bien redactadas. Un testimonio que nadie ha dado, un informe que no se puede localizar, un premio que la empresa no ha recibido: cualquiera de ellos puede dañar la credibilidad de la marca si alguien tira del hilo, y además puede tener consecuencias legales por publicidad engañosa. Para dudas concretas, consulta a tu asesor.
Qué conviene enseñar:
- Una regla sin excepciones: ninguna cifra, cita, ley, premio ni nombre propio se publica sin que una persona haya abierto la fuente y comprobado que dice eso.
- Pedir a la herramienta que marque lo que hay que verificar. Sirve como alerta, no como garantía de que el resto está bien.
- Si no hay fuente, se quita. Una afirmación sin cifra es más débil, pero verdadera. Una cifra inventada es una mina.
- Nunca inventar resultados de clientes. Un caso de éxito es de un cliente real, con su permiso, o no es.
- Citar la fuente en el propio texto, con enlace, para que el lector (y tu equipo dentro de seis meses) pueda comprobar.
Tercer fallo: imágenes y textos con derechos ajenos
Aquí las dudas son más sutiles. Una imagen que «ha hecho» la herramienta puede parecerse demasiado a la obra de alguien. Una fotografía de un banco de imágenes tiene una licencia con condiciones. Un fragmento copiado de una web, aunque se haya reformulado, sigue siendo de su autor. Un retrato realista de una persona concreta plantea cuestiones de imagen y de privacidad, y más aún si es un menor. Con la música y las tipografías pasa lo mismo.
Qué conviene enseñar:
- Saber de dónde viene cada recurso y con qué licencia. Y guardar una nota: dónde se obtuvo, qué permite, hasta cuándo.
- Leer las condiciones de uso comercial de la herramienta que genera imágenes o textos antes de publicar el resultado en un anuncio.
- No generar ni usar la imagen de personas reales sin su autorización por escrito, y menos la de menores.
- No copiar y pegar contenido ajeno. La IA no te exime de la autoría de lo que publicas.
- Ante la duda, preguntar. A quien lleve lo jurídico en la empresa o a tu asesor.
Si quieres profundizar, licencias de imágenes, fuentes y música: control de lo que usas y fotos de clientes y empleados: autorizaciones de imagen archivadas ordenan buena parte de este terreno.
Cuarto fallo: un tono que cambia según quién lo escribe
Tres personas, tres herramientas, tres maneras de hablar. El lunes la marca se muestra cercana y con humor; el miércoles, formal y rígida; el viernes, entusiasta hasta el exceso. Los clientes lo notan aunque no sepan explicarlo: la marca parece una colección de voces en lugar de una persona reconocible. Pasa incluso cuando todos escriben bien.
Qué conviene enseñar:
- Una guía de voz de una página. Cómo hablamos, palabras que usamos y palabras que evitamos, dos ejemplos buenos y dos malos. Se pega junto con cada petición a la herramienta.
- Un revisor final que lea el texto en voz alta. Si suena a otra persona, se ajusta.
- Coherencia entre canales. Lo que se promete en la web, en el correo y en la red social debe ser lo mismo.
- Guardar las instrucciones que funcionan. Cuando una instrucción da un tono acertado, conviene archivarla para que todo el equipo parta de ella. Es justo el uso de una biblioteca de instrucciones del equipo.
Antes de publicar: qué conviene enseñar al equipo y una lista de comprobación
Aparte de los cuatro fallos, hay una cuestión que se pasa por alto: decir cuándo hay IA de por medio. El Reglamento europeo de IA incluye reglas de transparencia para determinados contenidos generados o alterados con IA, y qué obligaciones te afectan depende de tu caso: consúltalo con tu asesor. En contenido hecho con IA: cuándo toca indicarlo antes de publicarlo tienes una primera orientación.
Y, sobre todo, conviene que el equipo tenga una lista que pase por delante de cada publicación. Una propuesta para adaptar:
- El texto incluye algo que solo nosotros podemos decir (un caso, un dato propio, una decisión).
- Si quito el nombre de la empresa, el texto ya no sirve para otra.
- Cada cifra, cita, ley o premio tiene su fuente abierta y comprobada por una persona.
- No hay testimonios ni resultados de clientes inventados.
- Sé de dónde viene cada imagen, música o tipografía y con qué licencia se usa.
- No aparecen personas reales identificables sin autorización escrita.
- El tono coincide con la guía de voz y con lo que ya hemos publicado.
- Hemos decidido si hay que indicar que hay IA de por medio.
- Una persona ha leído el texto completo antes de que salga.
Que esta lista exista no significa que nadie se equivoque, pero convierte los errores en algo que se descubre antes de publicar, no después. Si tu equipo necesita práctica, la formación del departamento tiene su propio planteamiento en formación en IA para el departamento de marketing.
Conclusión
El marketing con IA suele fallar por lo mismo: se publica sin que una persona haya mirado. El contenido genérico se arregla con material propio, los datos inventados con fuentes comprobadas, los problemas de derechos con licencias anotadas y el tono incoherente con una guía de voz. La herramienta acelera el borrador; el criterio, la verificación y la firma final siguen siendo de una persona.
En MG Solutions formamos a equipos de empresa en IA, por puesto y con casos reales de tu negocio, y también implantamos agentes de IA a medida.
Puedes ver cómo lo hacemos en nuestra formación en IA para empresas.
Si quieres ver cómo encajaría en tu caso, escríbenos y lo hablamos.