Cuando una empresa colaboradora pregunta a un centro de formación profesional si su alumnado sabe usar la IA, la pregunta es razonable y la respuesta no siempre es fácil de sostener con pruebas. Cada alumno ha tocado las herramientas por su cuenta, con criterios distintos, y el centro no siempre puede demostrar qué se ha trabajado en cada módulo. Mientras tanto, las empresas que reciben a un titulado o a un alumno en prácticas quieren saber con quién cuentan: alguien que use la IA con criterio, que compruebe lo que produce y que no ponga en riesgo la información del negocio.
Una advertencia de partida: no existe una lista oficial de «lo que piden las empresas» en materia de IA, y cada sector y cada puesto tienen sus matices. Este análisis propone lo que razonablemente cabe esperar, apoyado en datos verificados, y plantea cómo un centro puede evidenciarlo en sus módulos y prácticas. Y recomienda algo que ninguna estadística sustituye: preguntárselo a tus propias empresas colaboradoras.
Qué dicen los datos sobre lo que se espera
Hay varias piezas que ayudan a situar la conversación, cada una con sus límites.
Las empresas valoran la habilidad. Según el Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn, el 64 % de los líderes españoles afirmaba que no contrataría a alguien sin habilidades en IA, frente al 66 % de los líderes globales. Es una opinión declarada por directivos en una encuesta realizada en febrero y marzo de 2024, no una política de contratación medida. Dice que la habilidad se valora, no que su ausencia cierre puertas.
La formación en IA del personal ya es un asunto de las empresas. La Comisión Europea precisa que el artículo 4 del Reglamento europeo de IA, que pide adoptar medidas para apoyar la alfabetización en IA del personal, es aplicable desde el 2 de febrero de 2025. También aclara que no hace falta ningún certificado para acreditarlo: basta con un registro interno de las formaciones y otras iniciativas. Para una empresa, recibir a alguien que ya ha trabajado la IA con criterio ahorra formación, y llevar ese registro es más sencillo si el centro puede aportar constancia de lo trabajado. Si quieres entender la norma con más detalle, tienes AI Act y formación obligatoria: qué dice la ley exactamente.
Existen marcos europeos para ordenar las competencias. DigComp 3.0, la quinta versión del Marco Europeo de Competencia Digital publicada por el Centro Común de Investigación en 2025, se estructura en cinco áreas y 21 competencias, e incorpora conocimientos, habilidades y actitudes relacionados con la IA en las 21 competencias; se elaboró con la aportación de más de 300 personas y organizaciones. Es un marco para toda la ciudadanía, no específico de FP, pero sirve como lenguaje común para describir qué se trabaja y a qué nivel.
Hay materiales prácticos. El INTEF publicó el 8 de septiembre de 2026 una nueva versión de su guía sobre el uso de la IA en el ámbito educativo, que incluye situaciones de aprendizaje, un modelo de declaración de uso de IA y un cuestionario para el alumnado. Un centro de FP puede adaptar estos recursos al ámbito profesional.
Cinco capacidades razonables (y qué preguntar a cada empresa)
A falta de una lista oficial, estas cinco capacidades aparecen con sentido común en casi cualquier puesto técnico o administrativo. Son un punto de partida para contrastar con tus empresas, no un catálogo cerrado.
- Usar la IA en tareas del puesto con criterio. No saber «qué es la IA» en abstracto, sino manejarla en las tareas del propio sector: redactar una oferta, preparar un informe, ordenar una incidencia, documentar un proceso.
- Comprobar y corregir lo que produce. Detectar datos inventados, errores de cálculo, textos que suenan bien y no dicen nada. Es la capacidad que más diferencia a quien usa la herramienta de quien se fía de ella.
- Proteger la información. No introducir datos de clientes, de compañeros ni información confidencial de la empresa en herramientas no autorizadas, y seguir las políticas internas. La AEPD, en su decálogo de enero de 2026, destaca precisamente la importancia de seguir las políticas de información y seguridad de cada organización en el ámbito laboral.
- Saber cuándo no usarla, y decir cuándo se ha usado. Hay decisiones y tareas que no se delegan, y la honestidad sobre qué parte se hizo con ayuda de la herramienta forma parte del trabajo profesional.
- Explicar lo hecho. Contar qué se pidió, qué se cambió y por qué, de manera que otra persona pueda seguir el trabajo.
Para contrastarlas, una hoja de cinco preguntas a los tutores de empresa puede bastar: qué herramientas de IA se usan en el puesto; en qué tareas se apoyan; qué datos no se pueden introducir nunca; qué esperan que el alumno revise antes de dar algo por bueno; y qué política interna tienen. Las respuestas, de varias empresas del mismo sector, valen más que cualquier lista genérica.
Cómo evidenciarlo en módulos y prácticas
Lo que no se puede mostrar, no cuenta. La clave es que cada capacidad deje un rastro verificable que el centro y la empresa puedan ver.
| Dónde | Qué se hace | Qué queda como evidencia |
|---|---|---|
| Módulos técnicos | Casos del sector resueltos con apoyo de IA, con verificación posterior | Hoja de verificación: qué se pidió, qué se comprobó, qué se corrigió |
| Proyecto del ciclo | Uso de la IA en una parte del trabajo, con límites claros | Declaración de uso de IA: para qué, cómo se revisó, qué decidió la persona |
| Módulos transversales | Taller de protección de datos y de uso responsable con casos ficticios | Ficha de normas de uso firmada, sin datos reales |
| Prácticas en empresa | Tareas concretas apoyadas en IA, siguiendo la política de la empresa | Valoración del tutor de empresa sobre criterio, revisión y cuidado de la información |
| Portafolio del alumno | Tres o cuatro casos revisados con una rúbrica | Documento que el alumno puede enseñar en una entrevista |
Algunas pautas para que esto funcione:
- Una rúbrica común por capacidad. Puede apoyarse en el marco DigComp 3.0 como lenguaje, adaptando cada nivel a lo que de verdad se hace en el ciclo.
- Casos reales o realistas, sin datos reales. Con documentos ficticios o anonimizados, nunca con información de clientes ni de personas.
- Registro sencillo del centro. Qué se trabajó, cuándo y con quién, por si una empresa o una auditoría lo pide. Sin certificar niveles que nadie ha medido.
- Actualización cada curso. Las herramientas cambian rápido; una rúbrica de hace dos años puede estar desfasada.
Lo que el centro debe cuidar
La calificación es del docente. La IA puede ayudar a preparar rúbricas, ejemplos o casos, pero no pone la nota. Cualquier uso que afecte a la evaluación del alumnado lo decide una persona.
Los datos del alumnado y de las empresas. No se introducen datos personales del alumnado ni información de las empresas colaboradoras en herramientas que el centro no haya aprobado. Y si el ciclo incluye alumnado menor de edad, valen las mismas precauciones de protección de datos que en cualquier otra etapa; el delegado de protección de datos del centro es quien debe orientar.
Evidenciar no es prometer. Un registro de lo trabajado no es una garantía de empleo ni un certificado de competencia, y el centro no debería presentarlo como tal. Se muestra lo hecho y cómo se comprobó; la valoración final de la persona es de la empresa que la contrata.
Si quieres ver cómo está cambiando el sector, tienes más contexto en cómo la IA transforma los centros de formación profesional.
Fuentes
- Microsoft y LinkedIn (2024): Work Trend Index 2024, presentación en Microsoft España
- Comisión Europea (2026): AI Literacy - Questions & Answers
- Comisión Europea, Centro Común de Investigación (2025): DigComp 3.0 – European Digital Competence Framework
- INTEF, Ministerio de Educación, FP y Deportes (2026): Nueva versión de la «Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo»
- AEPD (2026): La AEPD publica un decálogo con recomendaciones para proteger la privacidad al usar herramientas de IA
Conclusión
Lo que cabe esperar de un titulado de FP en materia de IA es, en esencia, criterio: usarla en tareas de su puesto, comprobar lo que produce, proteger la información, saber cuándo no usarla y explicar lo hecho. Los datos muestran que las empresas valoran la habilidad y que la formación del personal ya es un asunto de ellas, pero no hay una lista oficial: conviene preguntar a las empresas colaboradoras. El centro puede evidenciarlo con hojas de verificación, declaraciones de uso, valoración del tutor de empresa y un portafolio, sin prometer más de lo que ha podido comprobar.
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