Los empleadores encuestados por el Foro Económico Mundial esperan que, de media, el 39 % de las competencias actuales de los trabajadores se transformen o queden obsoletas entre 2025 y 2030, frente al 44 % que preveían en la edición de 2023. Es una expectativa de los empleadores, no una medición, pero plantea una pregunta práctica para cualquier aula: ¿qué enseñamos hoy que siga valiendo dentro de diez años?
La respuesta no pasa por adivinar qué herramienta dominará, sino por reforzar lo que sirve con cualquiera. Este artículo propone cuatro habilidades duraderas, explica por qué la IA las hace más necesarias y no menos, y sobre todo cómo observarlas y puntuarlas en clase sin convertir la evaluación en una caza de quién ha usado IA.
Qué dicen los datos, y qué no
- Las competencias cambian. El dato del Foro Económico Mundial que abre este artículo. Es la media de lo que esperan los empleadores encuestados, que además preveían un porcentaje mayor (el 44 %) en la edición de 2023.
- Casi nadie necesitará ser experto en construir IA. Según la OCDE (2026), menos del 1 % de los trabajadores necesitará competencias avanzadas específicas de IA, como programación o desarrollo de modelos. La mayoría necesita competencias digitales y capacidad para usar, analizar e interpretar datos. Es una estimación que la OCDE recoge de trabajos anteriores sobre necesidades de competencias, no un recuento actual.
- La confianza en la IA y el pensamiento crítico van en direcciones distintas. En una encuesta a 319 trabajadores del conocimiento (Microsoft Research, CHI 2025), una mayor confianza en la IA generativa se asoció con menos pensamiento crítico, mientras que una mayor autoconfianza del propio trabajador se asoció con más pensamiento crítico.
- Evaluar lo que genera la IA ya se enseña en muchas aulas, pero no en todas por igual. En PISA 2025, de media en la OCDE, alrededor de seis de cada diez estudiantes de 15 años dicen que en sus clases se les encargó evaluar la calidad de la información generada por IA, y el alumnado desfavorecido tiene menos probabilidad de declararlo.
Y lo que no dicen: ninguno mide cuánto valora cada empresa una habilidad concreta, ni predice qué profesiones habrá. Los datos del Foro Económico Mundial son expectativas; el de Microsoft Research refleja percepciones declaradas y una asociación, no una causa; y los de PISA son autodeclarados. Lo que sigue es, por tanto, un razonamiento apoyado en esos indicios, no una estadística de lo que piden las empresas.
Cuatro habilidades que aguantan el cambio de herramientas
1. Pensamiento crítico. Preguntarse si algo es cierto, de dónde procede y qué falta. Con IA es más necesario: las respuestas llegan fluidas, seguras y bien escritas, aunque estén equivocadas. En clase se ve en el alumno que contrasta con otra fuente, detecta una incoherencia o pregunta «¿cómo lo sabes?».
2. Comunicación. Explicar con claridad, escuchar y adaptarse a quien tiene delante, por escrito y de palabra. Cualquiera puede generar un texto correcto con ayuda de una herramienta; lo valioso es saber qué decir, a quién y por qué, y poder defenderlo en directo.
3. Criterio. Elegir entre varias opciones, decidir qué es suficiente, qué es justo y cuándo no conviene usar una herramienta. La IA propone; alguien tiene que decidir y responder de la decisión. En clase se ve en quien justifica por qué descarta una opción que parecía buena.
4. Colaboración. Trabajar con otros, repartir tareas, discutir sin romper y asumir la responsabilidad del resultado compartido. Con la IA como una herramienta más del grupo, sigue importando quién coordina, quién revisa y quién se hace cargo de los errores.
No son las únicas, pero tienen algo en común: no dependen de un programa concreto y se pueden observar en cualquier asignatura. Si te interesa el pensamiento crítico en particular, lo desarrollamos en pensamiento crítico y IA: la competencia que sostiene a las demás.
Cómo observarlas en el aula: de la habilidad a la evidencia
Una habilidad no se evalúa con una pregunta de memoria. Hace falta una situación en la que se vea. Estas son algunas, adaptables a cada etapa:
- Una conversación breve sobre el trabajo. «Explícame cómo has llegado a esto.» Un par de minutos con cada alumno o grupo dicen mucho de su comprensión, y el docente decide qué mirar. Más sobre el formato en examen oral, trabajo en clase o proyecto: evaluar con IA presente.
- Un cuaderno de proceso. Borradores, versiones, lo que se descartó y por qué. Incluye una declaración sencilla de uso de IA: para qué se usó y qué se comprobó. La guía del INTEF, publicada el 8 de septiembre de 2026, incluye un modelo de declaración de uso de IA que puede servir de punto de partida.
- Una respuesta con errores para detectar. Se entrega un texto con fallos, elaborado por el docente o generado y revisado por él, y el alumnado debe encontrarlos y explicar cómo los comprobó. Evalúa criterio y pensamiento crítico a la vez.
- Trabajo en grupo con roles que rotan. El docente observa y se complementa con una coevaluación breve entre compañeros.
- Casos nuevos y cercanos. Situaciones del entorno que no se resuelven copiando una respuesta genérica.
Un ejemplo de rúbrica para el pensamiento crítico
| Nivel | Qué se observa en el alumnado |
|---|---|
| Inicial | Acepta lo que dice la herramienta sin preguntar |
| En desarrollo | Comprueba cuando el docente se lo pide |
| Logrado | Contrasta por iniciativa propia con otra fuente y detecta contradicciones |
| Avanzado | Explica los límites de su comprobación y qué no ha podido verificar |
Para las otras tres habilidades, una buena pregunta clave sirve de guía:
- Comunicación: ¿podría un compañero que no estaba entender el trabajo solo con su explicación?
- Criterio: ¿justifica por qué elige esta opción frente a otras?
- Colaboración: ¿se entiende qué aportó cada persona y cómo se resolvieron los desacuerdos?
Cómo puntuar sin trampas ni sospechas
- Puntúa criterios observables, no el uso de IA. «Ha usado IA» o «no ha usado IA» no es una habilidad. Lo evaluable es lo que el alumno hace con ella o sin ella.
- Pide una declaración de uso como parte de la tarea. Debe ser un hábito de honestidad, no un castigo; si se vive como una trampa, el alumnado la esquivará.
- Combina al menos dos evidencias: lo que entrega y lo que explica al presentarlo.
- El docente puntúa. La IA puede ayudarle a preparar una rúbrica o un banco de preguntas, pero calificar al alumnado y decidir la nota es una decisión suya. Puedes ver cómo se reparte ese trabajo en corregir con apoyo de IA: qué delega el docente y qué decide él.
- Cuida la privacidad. No introduzcas en herramientas de IA datos personales del alumnado, ni sus trabajos con nombre, sin base legal y sin consentimiento. Ante la duda, consulta con el delegado de protección de datos del centro.
- Empieza poco a poco. Una habilidad y una tarea por trimestre bastan para aprender qué funciona sin sobrecargar al profesorado.
Qué puede decirle esto a las familias
A las familias les preocupa, con razón, si sus hijos «estarán preparados». Una respuesta honesta es que nadie sabe con certeza qué trabajos habrá, pero hay habilidades que sirven con casi cualquier herramienta, y el colegio puede trabajarlas y mostrar cómo las evalúa. Para entender el entorno al que llegará el alumnado, ayuda cuántas empresas usan ya IA: el entorno laboral del alumnado.
Fuentes
- Foro Económico Mundial (2025): The Future of Jobs Report 2025
- OCDE (2026): AI and skills: What we know so far (síntesis de la OCDE, 5 de junio de 2026)
- Microsoft Research (2025): The Impact of Generative AI on Critical Thinking: Self-Reported Reductions in Cognitive Effort and Confidence Effects From a Survey of Knowledge Workers
- OCDE – PISA 2025 (2025): PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students
- INTEF (2026): Nueva versión de la «Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo»
Conclusión
Si las competencias cambian, lo más sensato es reforzar las que sirven con cualquier herramienta: pensamiento crítico, comunicación, criterio y colaboración. No se evalúan con un examen de memoria, sino con situaciones en las que se vean: una conversación sobre el trabajo, un cuaderno de proceso, un texto con errores, un trabajo en grupo observado. Y quien puntúa es el docente, con criterios que el alumnado conoce de antemano.
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